Categoría: De Naranja-Lima

… de amor

… de amor

Cuando a las lágrimas sin consuelo las acompañe el silencio y ese corazón alarmado se apresure en el pecho. Cuando el temor de no hallar la luz en su mirada oscurezca el día y el dolor paralizante cale los huesos llevándose la alegría.   Cuando […]

Amé Chile y sus chilenos

Amé Chile y sus chilenos

Amé Chile y sus colores y la risa continuada de sus anfitriones. Amé Chile y sus colores, amé sus montañas de fría nieve blanca amé el sinfín de los verdes cerros amé el cobre mineral de sus suelos amé el rosado quarzo de sus entrañas […]

Aquella que siempre serás… 

Aquella que siempre serás… 

“Aquella que sos…
Aquella que fuiste…
Aquella que siempre serás…

La más sincera, aunque la sinceridad doliese.
La amiga de todos.
La que caminaba por la calle sin dejar de saludar a nadie.
La sonrisa inmensa.
La confiable.
La que escuchaba y guardaba secretos que hoy deben llenar su tumba.
La que entraba sin miedo a los barrios más pobres para ver qué estaba haciendo falta y cómo podía ayudar.
La que preguntaba: ¿cuánto calzas? para salir por todos lados a conseguirle un par de zapatos a ese total desconocido.
La que en pleno verano juntaba frazadas para cuando llegara el invierno.
La precavida.
La que siempre estaba preocupada por todos. La que pensaba en todos, incluso por sobre ella misma.

Era así: simple. Inmensa.
Un corazón enorme que desbordaba emoción.
Era sincera y soñadora… era pura, auténtica.

Tenía la increíble virtud de ver a través de los ojos de la gente.
Siempre dispuesta a dar otra oportunidad.
Estaba hecha de retos bien dados cuando nos íbamos de costado.
Era luz, sabiduría y templanza.
Era la certeza de poder contar con ella.
La alegría desmesurada y sincera en los logros ajenos.

Y era belleza.
Y era tan simple en su belleza…
Cuando era pequeña un sacerdote la inmortalizó como “Virgen Niña” en una pintura para una iglesia alemana… ojalá hoy pudiera dar con ese lugar en el que tienen el rostro de mi madre como el rostro de la madre de todos.
Siempre fue devota de la Virgen, tal vez por eso nunca le soltó la mano.

Fue un ejemplo de mujer.
Nos enseñó que ante las adversidades, unidos, era la forma de salir adelante.
Ella era confianza, tenía la maravillosa virtud de sacar lo mejor de las personas.
Exigía cuando sabía que podías más, te invitaba a traspasar tus propios límites. Estaba parada para aplaudir y festejarte cuando los alcanzabas, y cuando no, también estaba para levantarte, sostenerte y animarte a volver a empezar.

Mi mamá fue una hermana presente y compañera.
Fue una mejor amiga.
Fue una gran esposa.
Fue sumatoria de valores e integridad.
Valiente, guerrera.
Educaba con su ejemplo.
Para ella la familia lo era todo.
Tal vez porque ella misma era familia. El árbol de ramas enormes para cobijarse. La madre con pecho enorme donde se encontraba consuelo y se pasaban los malos tiempos.

Madraza. Conmigo, con mi hermano, con hijos ajenos, con su yerno, con nietos que no eran sus nietos, con niños como “Nico”, su carrero que durante años, vistió y alimentó y que ya adolescente, tocó el timbre de la casa de quién en tantas oportunidades lo había ayudado, para una vez más querer darle las gracias.
Mi mamá era esa ayuda silenciosa porque nadie la veía cuando lo hacía ni tampoco necesitaba contarlo.
Mi mamá fue la inyección de vida que le dio Constantino en su rol de abuela.
Y sin dudas ES la felicidad que tendría hoy al saber que pronto llega Sara.

Mamá era jugos de naranjas exprimidos. Eran películas antiguas que miraba. Era suaves caricias. Era el flan más rico del universo desde que ocupó el lugar de Lita.
Era su pasión por los anticuarios. Los regalos pensados. Los libros dedicados. Las notitas de amor escondidas por todos lados. La delicadeza de sus pasos. Su andar liviano. Sus recuerdos. Las anécdotas de su infancia.
Palabras certeras en horas inciertas.
Aquella que sos…
Aquella que fuiste…
Aquella que siempre serás…
Eterna.
…y mi orgullo de llamarte Mamá.”

lloré…

lloré…

cuando lloré ríos que se alzaron en océanos, cuando dejaron de cantar los pájaros en el cielo, cuando las estrellas apagaron el firmamento, fue cuando entendí que ya no volverías…   Y  me quedé en silencio, y me  sequé las lágrimas, y levanté los ojos, […]

Soltar…

Soltar…

Soltar… Dejar ir… Cuando estamos haciendo un duelo que duele, lograr salir adelante y permitirse seguir viviendo con una ausencia infinitamente gigante, no significa tener que esconder. Guardar las fotos en un cajón, dejar de recordar sus palabras. Dejar de tenerla presente y no hablar […]

Amiga en pena

Amiga en pena

Lágrimas que caen redondas sobre tu rostro pálido.

Tranquila pequeña, que aunque así de fuerte golpea,

nunca es tan fuerte esa pena.

Levanta tus brazos al cielo.

Explora la locura que encierras,

veras que es bueno despojarse de cargas pasajeras.

Que florezcan en tu alma tulipanes,

que tiñan color oro las entrañas.

Transformar el desconsuelo natural,

y a lo seco, llenarlo de humedad.

Vamos sonríete,

que es tan lindo mirarte sonrojar.

No seas tímida, si eres bella,

solo luz en esos ojos encierras.

Te abrazo, te estrujo y te protejo,

Tranquila pequeña, que él no merece tanta pena.

Isabel la cubana

Isabel la cubana

Solía verla pasar. ¿Cómo decir que no la miraba, si todos nos dábamos vuelta para verla? Le diría que más que hermosa era exuberante, era pura simpatía. No salgo del asombro. Todos en el edificio estamos conmovidos. Una gran tristeza.

Sofi en Diario Uno

Sofi en Diario Uno

Mamá salí en Diario Uno…

American Airlines mi peor pesadilla

American Airlines mi peor pesadilla

Señores de American Airlines:

Les había escrito una carta hace unas semanas atrás, a los pocos días de mi último viaje con ustedes, pero al releerla me di cuenta que estaba cargada de rabia, frustración pero principalmente de enojo, por lo que decidí dejar asentar un poco los sentimientos y empezar de cero. Lo anecdótico es que en estos días, encontré en uno de mis cuadernos una carta que les había escrito en el 2012 que se titulaba “Porqué no volveré a viajar en AA”. (más…)

Respeto a la mujer, amor a la madre… parece tan simple.

Respeto a la mujer, amor a la madre… parece tan simple.

Mi abuelo se llamaba Juan José Ardoy. Hace mucho, pero muchos años fue Intendente de la ciudad en la que crecí. En aquellos tiempos, allá por 1957, él escribió un discurso para inaugurar una estatua en homenaje A la Madre o a las madres.