De este mundo y un poquito más allá

A la basura las condecoraciones

A la basura las condecoraciones
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¿Vieron alguna vez esas personas que llevan en la parte izquierda de su saco condecoraciones? Sí, esas que se llevan colgadas en el pecho. Esas que por lo general se ostentan con orgullo. Condecoraciones que fueron adquiridas por mérito, grandes hazañas o por destacarse dentro de la sociedad.
Bueno, pienso en ello y me pregunto: ¿de qué sirven?
¿De qué le sirve al joven que luchó en una guerra y volvió sin un brazo o una pierna, y tuvo que pasarse el resto de su vida rogando por el reconocimiento de haberse parado al frente de una batalla de la que no quería participar, llenarse el pecho de medallitas?

¿La condecoración que ostenta en el pecho una vez al año, porque tampoco es que puede ir por la vida diciendo cada día: “YO SOY HEROE DE GUERRA”, acaso le ha hecho la vida más fácil?
¿Puede una persona sacar chapa y decir: yo no he podido hacer todo lo que quería hacer en mi vida porque fui a la guerra y volví así?

La realidad es que no.
¿Te estarás preguntando de qué estoy hablando?
Simple: por 11 años viví con una enfermedad. Grave o no, me ha significado una cirugía cada dos por tres. Tratamientos para controlar y la constante  necesidad de vencer algo externo que me consumía y por lo que hoy por hoy, aunque no lo demuestre, me limita en mis movimientos; aunque no lo demuestre o la gente se olvide, cada día de mi vida tengo dolor; aunque no lo demuestre cada día tengo miedo. Aunque no lo demuestre cada día de mi vida tengo un momento en el que digo: NO PUEDO CON ESTO. ESTOY PODRIDA.

Y te pregunto a vos que me estas leyendo: ¿sirve de excusa?
¿Vale decir que a mis 37 años laboralmente, no he llegado a hacer ni la mitad de lo que quería (o soñaba) porque desde los 25 tengo que lidiar con esto?
En mi pecho cuelgo un par de condecoraciones, porque según muchas personas yo soy:
UNA PERSONA FUERTE – UN EJEMPLO- UNA LUCHADORA
¿Y eso me lo he ganado porqué?¿porque he tenido demasiadas cirugías?,¿porque me ha tocado atravesar algo difícil cuando el resto de los mortales esta viviendo la vida loca?.
Digamos entonces que tengo una condecoración por cada año que vivo con esto, sumemos una más por cada cirugía: 26 CONDECORACIONES LLENAS DE COLORES CUELGAN DE MI PECHO.

¡Cuánto orgullo!
Gracias, gracias, gracias a todos, pero la verdad es que a mi, las condecoraciones, no me dan nada más que la mirada lastimosa de la gente que sabe lo que representan cada una de ellas.
No me sirve pararme delante de nadie y poner de excusa que no he hecho más de mi vida porque me ha pasado esto.
Las condecoraciones no pagan las cuentas, no te llevan de vacaciones, ni siquiera te hacen mejor persona.
Los que no te conocen, te miran con ojos que dicen: sos un ejemplo de lucha y valor… pero no te ponen en la lista de las personas exitosas.

Sos un ejemplo de lo que podrías haber sido y sin embargo te quedaste a medio camino.
Si tenés la suerte de tener un seguro médico que cubra todo lo que te cuesta llevar adelante una enfermedad, entonces hay que dar gracias, más que al cielo a la posibilidad de no perder todo lo que has venido construyendo, porque de lo contrario, además de enfermo, vas a tener que armarte de paciencia y explicar que sos un enfermo, no un criminal por no poder pagar los irrisorios números que se manejan en la medicina en este país.

O sea que en definitiva las condecoraciones no sirven para un carajo, porque tampoco pagan las cuentas del hospital.

A veces se hace imposible tener todo bajo control.
¿Cuántas condecoraciones alcanzan para no perder todo de un sopetón?

¿Al hoy ya no tan joven hombre que volvió de batallas, que dejó en el frío de una noche en un lugar lejano, una pierna, o un brazo, o su cabeza porque nunca más pudo volver a reinsertarse en la sociedad, lo vemos todos los días como a un héroe?
¿Se mira con dignidad a una persona que pasó años de su vida luchando contra algo ajeno a su cuerpo y que no logró alcanzar los objetivos establecidos por la sociedad?

Hay un hombre que va a la guerra sin siquiera haberlo pedido, cegado por el miedo y las ganas inmensas de volver a casa, luchando una batalla contra enemigos ajenos. Hay una persona que mira de frente a una enfermedad y no sabe como hacerle frente y lo único que espera con desesperación es salir lo más sano posible.

Los dos reciben condecoraciones constantes, pero a ninguno de los dos les sirven para un carajo. Los dos se dan vuelta y le ven la cara a la soledad y al fracaso.

En mi cabeza sigue repitiendo que las condecoraciones no sirven para un carajo.
un poco confuso, lo sé, yo también todavía lo siento así adentro mío… ya voy a tratar de explicarlo mejor.

Seguíme!


1 thought on “A la basura las condecoraciones”

  • Para nada confuso… se entiende perfectamente tu punto de vista, que comparto!!! pero no queda otra … hay que seguir y seguir y …
    Te deseo mucha suerte y un futuro que te restañe definitivamente las cicatrices del cuerpo y del alma. Un abrazo de Alicia, de Concordia (ER)

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