De este mundo y un poquito más allá

Respeto a la mujer, amor a la madre… parece tan simple.

Respeto a la mujer, amor a la madre… parece tan simple.
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Mi abuelo se llamaba Juan José Ardoy. Hace mucho, pero muchos años fue Intendente de la ciudad en la que crecí. En aquellos tiempos, allá por 1957, él escribió un discurso para inaugurar una estatua en homenaje A la Madre o a las madres. A todas en general: la tuya, a la mía, a la de cada uno de los que ama y respeta a esa mujer que nos dio la vida y nos acompaña hasta el último suspiro.
Me imagino que para escribir tan sentidas palabras que se habrá inspirado en su propia madre y por supuesto en mi abuela, con quien tuvo ocho maravilloso hijos, entre ellos mi mamá.
Es el día de hoy, que aquel Monumento a la Madre, sigue acompañando a San Martín en la plaza principal de Concordia.
Lo que me ha pasado en los últimos días, es que he estado leyendo comentarios cargados de machismo, de odio, tremendamente irrespetuosos, bajos, dañinos, ofensivos a los que las mujeres estamos expuestas a diario, vinieron a mi mente las palabras de mi abuelo.
Pensé lo siguiente: esos comentarios no salen de la boca de “hombres” de verdad. Porque para ejemplo de “hombre” tengo a mi abuelo y su legado, y su recuerdo, y las mil y una anécdotas que me contó mi abuela. Hombres hechos y derechos no eran los de antes. Hombres de verdad hay en todos lados, solo que el problema es que los que lastiman a las mujeres física o psicológicamente resuenan mucho pero mucho más fuerte.
Yo diría que son seres humanos carentes de educación, de amor, de abrazos, de amor propio. Yo diría que son seres humanos con el autoestima por el piso. Son personas a las que le falta vida interior, les falta leer, les falta escuchar, les falta empatía. No son dignos de ser reconocidos como “hombres”. Semejante sustantivo no es digno de ser llevado por cualquiera.
En fin, eso, nada más para agregar, simplemente compartir con ustedes estas bellas palabras.
  
Con la más honda emoción, con la que nace en lo íntimo del alma, y en nombre del pueblo de Concordia, en mi carácter de Comisionado Municipal del mismo, voy a recibir este monumento que, idea de un digno periodista, Don Victorino Simón convirtiera en realidad el generoso y amplio apoyo de este pueblo, engrandecido por los sentimientos más hermosos de solidaridad.

Permítaseme que sea el ciudadano, el hijo de ese mismo pueblo, quien exprese el sentir de todos y de cada uno de los que hicieron posible la realización de esta obra.

Hela ahí; perfecta en la concepción del artista: líneas sencillas, claras, precisas; líneas que hablan un lenguaje llano para aquellos que, ignaros en la interpretación del arte, entendemos, no obstante, la expresión del sentimiento: el más puro, el más sublime; el que, nacido en corazón humano, tiene la perfección de lo divino.
He invocado, Señores, al sentimiento maternal; conjunción suprema de ternuras y reciedumbre, porque en el alma de la madre hay siempre la suficiente reserva de energía y voluntad, como para elevarse hasta lo infinito en un perdón sobrehumano, o hacerse muralla inaccesible frente al mal.
La vemos inclinada junto a la cuna; arrodillada ante el altar; agobiada en el esfuerzo de la tarea cotidiana; meciendo al niño o contemplándolo dormido en su regazo; y nos parece débil, indefensa, incapaz de nada que no sea aquello que realiza diariamente, con un gesto casi resignado, como si cumpliera una rutina.
Pero, he ahí que el hijo se enferma; o el compañero queda sin trabajo; u otra desgracia amenaza su hogar: la figura agobiada se yergue; la mansedumbre se hace fiereza; la mano acariciante se vuelve puño y garra; los labios que entonaban la canción de cuna, dejan escapar rugidos; y ahí está La Madre, para luchar sin más armas que su inmenso amor; y no importa que sea ignorante, porque tiene la elocuencia que le brota a raudales del corazón; no importa que no tenga encantos físicos, porque la nobleza de sus sentimientos la tornan la más bella.
Y la indefensa mujer, se hace heroína; la esposa vulgar, alcanza la cumbre del estro; es: La Madre que se hace sabia, fuerte, bella o poderosa según lo requiera la causa de su amor.
Así lo dijo Salvador Rueda:
“Oh, Madre, poetas, poetas sublimes,
vosotras tan sólo sabéis hacer versos.
La cuna es la lira de todas las razas,
y el coraje inmortal, vuestros dedos.”
Pensemos, Señores, en la inmensa gloria que nos cupo a los seres humanos, desde el momento mismo en que una mujer gestó su primer hijo; nada es comparado a la excelsa ternura que recibimos de ella.
Ay, bien lo sabemos los que ya no la tenemos; la vida nos ofrece satisfacciones múltiples; somos amados y gozamos dichas infinitas, pero jamás, encontramos en otro corazón, la ternura, la comprensión, la tolerancia, la abnegación que ella nos brindó.
Aquí quedará este monumento, desde hoy, engalanando nuestra plaza principal; junto a los que perpetúan el recuerdo de los próceres y sus hazañas, como testimonio fiel del amor que nos supo inspirar la mujer que todo nos dio de sí.
Y no habrá hijo que al pasar frente a él, no incline la cabeza, reverente, en callado homenaje, enjuagando una lágrima si ya no la tiene a su lado, o apresurando el paso, si posee la dicha de conservarla, para llegar más pronto a depositar en su frente el beso que es, para ella, la mayor recompensa.
En nombre del pueblo de Concordia, que desde hoy tiene un nuevo santuario, doy las gracias a Victorino Simón y a todos los que contribuyeron a la consecución de esta obra. Y dejo en manos y en el corazón del mismo pueblo, este legado de amor y gratitud.
Con él porque no podemos hacerlo en otra forma que sea tan grato a su corazón, dejamos, para siempre, exteriorizada la frase que, como ofrenda emocionada, depositamos a sus plantas regadas con lágrimas y besos: ¡Gracias, Mamá!

Juan José Ardoy

 

Gracias a mi tía Margarita Ardoy Van Wassenhove por recuperar éstas hondas palabras, por cuidarlas y por haber confiado en mí para cuidarlas y compartirlas.

Seguíme!


1 thought on “Respeto a la mujer, amor a la madre… parece tan simple.”

  • Sofi, me acabo de enterar de que serás mamá. ¡Qué seas muy feliz!. De corazón, por tu alma, para que esté pasando hermosos momentos de ese bebé, en ciernes, que amas y amarás siempre. Y muy linda la prosa, eh. Un saludo grande, Sofia.

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