De este mundo y un poquito más allá

“Los niños de la estrella amarilla” de Mario Escobar

“Los niños de la estrella amarilla” de Mario Escobar
Loading Likes...

Hablando con un compañero de trabajo con quien compartimos el amor por los libros me comentó que “Los niños de la estrella amarilla” era una de esas “joyitas” de la literatura que no podía dejar pasar.

A los días, ya lo tenía entre mis manos. 

Voy a darme el lujo de contarles una anécdota personal: cuando era pequeña estaba obsesionada con las historias de supervivencia en campos de concentración durante la segunda guerra mundial, sobre todo si los protagonistas eran niños… por lo que este libro me llevó directo a esas épocas en las que mi madre, me compraba libros “en reconocimiento por mis buenos años escolares”.

Historias que me llegaban al corazón, que me tocaban fuerte, que me inspiraban. No puedo decir exactamente cuántas veces desde que me lo regalaron, he leído “El diario de Ana Frank”. Su horror, su dolor, su fortaleza, hicieron que mi admiración creciera, que mí propio instinto de supervivencia se afilara. 

Era pequeña y sin embargo entendí que no quería ser parte de un mundo cargado de racismo, odio e ignorancia, tal vez por eso hoy escribo.

Con “Los niños de la estrella amarilla” de Mario Escobar me pasó algo parecido.

Cuando comencé a leerlo, me encontré con una historia de esas que aprietan fuerte el pecho y hace falta una caja de pañuelos para secar las lágrimas. 

Antes de zambullirme en sus páginas, y conociendo la temática, sabía que iba a transitar caminos complejos.

Amor, odio, esperanza, crueldad, dolor, pérdida, ausencia, angustia y  casi cuando creemos que no hay más luz al final del camino… nuevamente la esperanza. El optimismo mezclado con el racismo y la ignorancia, vil y despreciable ignorancia que hace que el ser humano le tenga tanto miedo a lo distinto…

El poder de una buena acción era infinitamente más impactante que el de una mala.

Lo leí tranquila, pero lo devoré.  Recorrí la historia marcando frases fuertes, reales y muchas veces hasta crueles.

Respirando volvía tomar coraje para seguir de la mano de dos pequeños hermanos que único error fue haber nacido judíos en una época en la que pertenecer a esa religión no estaba permitido.

Viajé por Francia a través de vacíos emocionales, de sensaciones de abandono. Puse pausas, y gracias a esos refrescantes momentos de quietud en la lectura, entendí que la que hoy lee esas historias, o sea “yo”, había cambiado.

Ahora tengo un hijo y eso hace que lo que llega a mi cuerpo, mi alma, las sensaciones y la historia cambien por completo.

Siendo madre descubro que mi rol, mi protagonismo en esta historia es mucho más fuerte.

Los seres humanos necesitan más una caricia que mil palabras de ánimo.

Ya no pienso en mi salvación, ya no soy la niña desesperada que huye; ahora he cambiado porque ha cambiado la piel que viste a los protagonistas.  Ya no me veo sorteando obstáculos para encontrar la luz en medio de la oscuridad. Esta vez viajé en la piel de una madre, con el corazón en la boca, pensando en cómo iban a salvarse esos pequeños que podrían ser mis hijos.

La madre sólo aparece en contadas ocasiones durante la historia pero la capacidad del autor de transmitir la desesperada búsqueda de los niños y su necesidad de mantener con vida la memoria de una madre que está lejos y a la que van a intentar llegar a como de lugar es cautivante.

No logré liberarme del angustioso sentimiento de pensar que mi hijo lograr sobrevivir a la ignorancia.

No creo que los niños sean más felices que los adultos, simplemente ignoran cómo funciona el mundo. Primero se magnifica a los padres, luego al mundo y la juventud, más tarde el trabajo y la gloria, aunque lo único verdaderamente perdurable es la tumba y el olvido.

Dos hermanos que se dan la mano y no se la sueltan. Niños que enfrentan al adversidades de manera adulta, la alarmante y temprana pérdida de la maravillosa niñez.

Niños a los que parece que el mundo entero les ha dado la espalda y sin embargo cada tanto, alguien les abre una ventana, y se renueva la posibilidad de seguir con vida, de volver a encontrar a sus padres, de no estar separados, de volver a ser una familia, otro país, otro idioma, otra gente. Dejar de sentir vergüenza por quienes son y llevar con altura su valor y coraje.

Lo que más me asusta de este libro es sentir que la temática que pasó hace muchos años, la persecución y la guerra que Europa parecía haber dejado atrás, vuelve a resurgir entre las cenizas… religiones, colores de piel, creencias, idiomas, pasaportes. ¡Ay Dios mío!

si trajiste paz señor, porqué el mundo se desarma en guerras, 

Si trajiste amor porqué se agoniza tras el placer egoísta…

Si trajiste unión, porqué somos un cuerpo de huesos rotos.

Un canto al poder de la gente común y corriente para cambiar la realidad.

Sobre el autor: Mario Escobar, es novelista, historiador y colaborador habitual de “National Geographic Historia y Onda cero Radio, ha dedicado toda su vida a la investigación de los grandes conflictos humanos. www.marioescobar.es

Editorial: HarperCollins Español

 

 

Seguíme!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *