De este mundo y un poquito más allá

Aquella que soy: la herramienta que todas necesitamos

Aquella que soy: la herramienta que todas necesitamos
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Soy hija adoptiva de tierras entrerrianas (en Argentina) y aunque hace demasiado tiempo que me fui, ese sigue siendo mi lugar en el mundo.

Tuve una infancia diferente, mis padres se divorciaron cuando divorciarse no estaba de moda. Pero en medio del caos que significó para mí ser la “diferente”, tuve a mi lado dos seres humanos maravillosos que me acompañaron, me educaron y me ayudaron a atravesar el mal trago.
Dos mujeres que me enseñaron a pararme frente a la vida con la frente en alto.
Dos mujeres.
Dos razones por las que hoy me sigo sintiendo absolutamente afortunada: Mi mamá y mi abuela.
Hay una canción de Facundo Saravia que dice que uno valora las cosas cuando las suele perder, y que cuando las tiene a mano nunca las sabe tener.
Cuando vivían, las amé. Les agradecí como me fue posible.
Fueron mi alivio, mis compañeras, mi rayo de sol en las tormentas, pero cuando se fueron me di cuenta que lo que habían hecho en mí era todavía aún más grande y fuerte de lo que podía imaginar.
Mi abuela: ella construyó para mí un nido, un refugio.
Mi tiempo con ella fue mágico. Mi tiempo con ella fue realismo mágico.
Mi abuela fue libros y cuentos y lápices y hojas y cuadernos. Muchas de las cosas que hoy me hacen feliz las aprendí de ella.
Por ejemplo escuchar folkclore y cocinar. Ella me demostró todo el amor que se transmite en cada mesa servida en familia. El tiempo en la cocina no es tiempo perdido cuando se preparan los alimentos para las personas que amamos. Pero definitivamente su mayor legado fue la pasión por los libros y la oportunidad que me dan las letras de expresarme.
Mis primeras historias, los mundos fabulosos que conocí a través de esos primeros libros que parecían interminables fueron de su biblioteca. Ella también me enseñó a recitar poesías, a escribir obras de teatro que después representaba con mis primos en eventos familiares.
Como ella escribía el diario de su vida, fue el ejemplo por el que yo comencé a escribir los míos.
Mi abuela me mostró que los libros son capaces de abrir universos paralelos, que podes viajar a donde quieras y vivir vidas que tal vez en la realidad no te animas a vivir. Y esas letras me dieron alas de libertad en momentos complicados.
Así que Aquella que soy, también es mi adorada, inmensa e inolvidable abuela Lita.
Y de la maravilla de abuela que tuve, nació un ser de luz cariñosa y atenta, la más dulce y buena mujer, la que me dio la vida.
Mi mamá fue el ejemplo de una mujer con agallas. Con ella entendí que eso del “sexo débil” no tiene nada que ver con el género femenino. 
Mi mamá no titubeó en ponerme límites incluso por sobre mis enojos y reproches de adolescente inquieta. Una vez me dijo que ella no quería ser mi amiga.
¿Se imaginan?. ¿Cómo no iba a querer ser mi amiga?
Era mucho mejor ser amigas que ser madre e hija.
Me dijo: “no vamos a ser amigas, no necesito ser tu amiga. Yo soy tu mamá”
Ella me dijo que el rol que ella tenía que cumplir era mucho más difícil, con más responsabilidades y mucho más importante.
Ella era mi mamá.
Y en ese rol de madre que tan bien supo cumplir, siempre estuvo para alentarme, para levantarme en mis caídas, para ponerme límites y enseñarme a ponerlos, para darme su mano, para guiarme.
Ella me hizo entender que ante cualquier adversidad yo tenía en ella la persona en la que siempre podía confiar. No importaba cuán inmensa hubiese mi metida de pata, ella estaba ahí para hacerme cargo del error.
Por eso Aquella que soy es el legado de estas dos mujeres inmensas.
Pero también hubo un abuelo. También hubo un hombre que mandó a hacer un monumento a la madre que hoy sigue firme en la plaza principal de la ciudad e la que crecí, junto frente a la puerta de la municipalidad.
Un hombre que incluso cuando el rol de la mujer no era tenido en cuenta, él se animó a darles un lugar, un reconocimiento.
Inclusión mucho antes de entender lo que era, de que se hable de los derechos de las mujeres. Mi abuelo nunca dudó del lugar inmenso que ocupaba mi abuela, cómo cuestionarlo, si mi abuela era el corazón y mi abuelo era el alma.
Un hombre que dejó con su ejemplo de respeto e inclusión una familia a la que amo y a la que orgullosamente pertenezco. Por lo que Aquella que soy también son los hombres que rompieron barreras, que alzaron su voz, que educaron con el ejemplo.
Hombres de bien que afortunadamente he ido encontrando por el camino que transito muchos otros como mi abuelo.
Cuando conocí a Laura, mi talentosa compañera en este proyecto. Yo no la estaba buscando, pero apareció. Así como aparecen en la vida los buenos amigos. Yo necesitaba una ilustradora para un proyecto infantil, ella trabajaba en un mural en Wynwood.
Su arte, sus creaciones, su casa llena de dibujos, su pasión por lo que hace y lo que hizo, su familia, su energía, todo en ella hizo que fuese de esas personas que cuando las conoces no las puedas dejar ir.
Sofi Zermoglio Laura Barroetaveña Photo: Martín Inchauspe

 

Así nació este proyecto, tomando mates y hablando del nuevo rol de la mujer en esta sociedad.
Hablando de las cargas, del peso, de la cantidad de cosas sin sentido que vamos metiendo en nuestras mochilas invisibles y después nos podemos dar un solo paso de lo pesadas que están.
Hablando de la mujer que trabaja, la que es empleada, la profesional, o la que lucha por mantenerse sin un jefe, todas queremos y necesitamos ganar dinero para mantenernos, para ser exitosas y además:
hay que tener pareja
hay que tener hijos
hay que tener familia
¿Y si lo que queremos no tiene nada que ver con lo que la gente quiere o lo que la sociedad dice que es lo correcto o lo que debo hacer?
Y si lo que quiero es sentirme realizada profesionalmente y no tengo lugar para familia e  hijos, ¿esta mal?
Y si tenemos familia y hay que ocuparse de la casa, los hijos, el marido, la comida, el perro, el gato, las plantas, el trabajo, además hay que estar espléndidas y encima sacarme buenas fotos porque sino no voy a tener 50mil likes en Instagram y la gente se va a dar cuenta que mi vida no es tan perfecta y feliz como quiero mostrar…
¡Ay, qué difícil!
Aquella que soy fue desde el primer momento, la fusión de dos mujeres que sí tenemos vías de escape.
Por que  cuando yo necesito frenar, hago dos cosas: medito o agarro lápiz y papel.
No paro de escribir y escribirme, y libero y respiro, y suelto.
Laura hace otras cosas, entre ellas, papel y lápiz en mano: dibuja, ilustra, crea mundos en los trazos de sus pinceles. Magia.
Toda la presión que acumulamos en el día a día, la frustración, el dolor, los miedos, la tristeza, la dejamos ir dibujando, la soltamos escribiendo, la despedimos pintando.
En nuestra charla pensamos en todas las personas que no encuentran la forma de liberar.
Sabemos que algunas van al gimnasio, o salen a correr, otras cantan en la ducha, o cocinan, o terminan agotadas de tanto limpiar la casa.
Pero Aquella que soy, está dedicado a aquellas que no conocen de descanso mental, que no saben cómo liberar.
Aquella que soy es una herramienta.
Porque  a veces estamos tan ocupadas que no tenemos tiempo para mimarnos, para prestarnos atención, para por un ratito olvidarse de todo y hacer lo que nos tranquiliza. Por eso Aquella que soy es un libro corto, relatos breves, poesías en forma de prosa.
Sencillo pero dinámico.
Pequeño pero poderoso.
Es una comunión entre vos, ella, él y yo. Comunión entre personas sensibles que nos andamos buscando.
Un espacio para dejar de lado las caretas y ser nosotras mismas al menos por un ratito y liberarnos.
Cortar las cadenas imaginarias que nos controlan, cerrar los ojos acusadores que nos señalan y condicionan.
Aquella que soy son los hombres y mujeres que pasaron por nuestras vidas y nos han llenado de inspiración.
Incluso los que han roto el corazón en mil pedazos pero que en ese dolor nos hicieron madurar y crecer.
A los maestros que nos educaron y las familias en las que hemos crecido.
La tierra que amortiguó nuestras caídas.
Las sonrisas y las lágrimas; las carencias, las búsquedas, los ejemplos y los logros.
Todas las piedras que encontramos en el camino y que hemos ido sorteando.
Aquella que soy son todos los errores de los que hemos tenido que hacernos cargo y que hoy nos han hecho ser quienes somos.
Aquella que soy, somos vos, yo, nosotras.
Seguíme!


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