Autor: sofizermoglio

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Desconectados

Desconectados

La gente no sabe, pero los observo: quietos, en silencio, no escuchan, no hablan, no ven, casi que no sienten. Robots frente a una pantalla táctil con ojos vidriosos, resecos. Momentos de conexión que han pasado a ser parte del olvido.

En algunas ocasiones los vagones traen ecos en forma de risas de otros tiempos en los que las personas se miraban a los ojos y comentaban sus días.

Pero la gente ya no habla de sus días. Ahora se comparten espacios en soledad a través de un teléfono móvil.

Nuevas formas de creernos conectados.

Somos empáticos a las fotos que vemos en las cuentas perfectas de perfectos desconocidos.

Parece que solo yo los veo.

Incluso el amor en estos tiempos modernos es ajeno a los besos y las caricias.

Una pareja que espera en el andén de la mano, se sienta donde puedo verlos con claridad. El saca su teléfono y juega un juego. Ella desliza el dedo hacia arriba y cada tanto pulsa dos veces la pantalla. Solo sus hombros se tocan. No hay comentarios, no hay complicidad. Ella levanta la vista, guarda el aparato móvil y acomoda la cartera sobre su hombro. El nunca deja de jugar su juego. Ella acerca la boca a la frente de su enamorado, dibuja en su beso unos labios ausentes. El devuelve un saludo apagado sin mirada a los ojos, sin el fuego del amante que se separa de su amada. El tan solo ve los puntos que va uniendo en su teléfono. Mientras el tren retoma su meneo, veo que ella intenta, casualmente, encontrar la mirada de su novio a través de la ventana: disociación.

Parece que solo yo los veo.

Sólo aquellos a los que la sociedad amarrada al teléfono llama locos son los que hablan. Levantan sus voces como queriendo despertar a los dormidos, que lejos de despabilarse miran de reojo y mueven sus cabezas en señal de desaprobación.

Parece que solamente yo los veo.

Los niños pequeños ya no gritan asombrados con sus narices pegadas al vidrio. La indiferencia también ha oscurecido sus corazones que solo se activan frente a una pantalla de colores y sonidos que aturden y adormecen las preguntas y el asombro. Pequeñas maquinitas que no cuestionan, no leen, no prestan atención. Afortunadamente para los seres grises en los que nos hemos ido convirtiendo, los niños tampoco hacen ruido, o al menos hasta que uno de estos aparatos pierde su poder hipnotizador al quedarse sin batería.

Parece que solo yo los observo.

Pero luego lees en las aplicaciones, en las que todos creen estar conectados con todos y se habla de desigualdades, de ponerse en los zapatos del otro. Creen que entienden como funciona el mundo porque alguien con muchos seguidores, competente o no en alguna materia, dando su punto de vista totalmente subjetivo, da cátedra del cómo, cuándo y por qué de la vida (propia y ajena).

Parece que solo yo los sigo observando.

Una joven le habla directamente a la pantalla de su teléfono. Sentada sola en un vagón a medio llenar, ella coquetea. Toma un lápiz de labios y marca su boca de un tono fuerte. Ella sigue hablando sola. Coquetea con alguien que no está con ella. Coquetea con ella misma. Improvisa caras. No está loca, está sola, está sola consigo misma. A nadie le parece raro que alguien le hable a una pantalla.

Tal vez es que solamente yo puedo verlo.

Los seres grises con los que comparto el tren, creen que saben pues leen twitter. Creen que tienen amigos pues suman desconocidos en sus redes sociales impersonales y cibernéticas. Se creen eruditos en una materia pues comentan y son comentados.

La gente no sabe, pero los observo a través de las cámaras de los vagones que todo lo saben y controlan.

Alguien llama mi atención. En el continuo abrir y cerrar de puertas en gastadas estaciones. En el vaivén de seres con rostros grises que suben y bajan. En el mecimiento adormilado de los brazos, manos y su extensión táctil, dos mujeres, ajenas al frío del desconocimiento hablan frente a frente, casi que parece que estuvieran mirándose a los ojos.

Ahora las observo solamente a ellas. Ellas probablemente saben que en el constante rojo titilar  la cámara sobre sus cabezas, alguien las examina en silencio.

No escucho sus voces pero veo el movimiento de sus labios, sus gestos. Sonríe una de ellas. Ríe la otra mientras unos rulos indomables no dejan de balancearse.

Las veo, las observo. Me intrigan.

Parece que si se vuelve del gris y reaparecen los colores.

De las mil pantallas que miro, de toda esa gente que persigo con la mirada, del panóptico motor invisible que a todos nos controla, siento que vuelvo a ver la luz mientras solamente yo observo.

Letras

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La luna de rock

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Hace muchos más años de los que soy capaz de recordar, alguien se cruzó por el camino en el que andaba. En cuestiones de tiempo, su paso fue casi esporádico. Pero en su andar, dejó colgado en el techo de mi cueva una frase que en ese momento sentí tan irrelevante cómo imprecisa. La había escrito en lápiz, por lo que  el paso del tiempo casi la termina por borrar. 

Curiosidad que llevó a que leyera el papel.

Cómo les digo, la sumatoria de palabras no tenía ningún sentido real. De todas las  circunstancias de la vida ninguna le daba un fin pragmático al significado de la oración leída. Sin embargo quedó grabada en el sin sentido de una vida cotidiana.

Una cosa lleva a la otra. En el camino de la vida siguieron apareciendo pasajeros esporádicos.

Vívidos momentos particularmente especiales guardados bajo llaves que no muestro. Pasan imágenes de aquellos otros no tan buenos, que incluso quisiera nunca hubiesen existido.

Pero en la mezcla de sensaciones y circunstancias, escucho algo que se transforma y me atrapa…

De la música a la danza, me descubrí en el movimiento de tu espalda, de tus brazos extendidos al cielo, de tu pelo siempre al viento, de los colores que envolvían tu cuerpo y dejaban estela tras tu paso siguiendo el ritmo del viento. Había luz a través de tu mirada, había risas de escucharte siempre alada. Eras hada, eras siempre una caricia para el alma.

Cuando tu camino y el mío se encontraron, fue tan corto que creí que había pasado en un sueño; uno de esos lindos en los que aparecen las personas que uno ama. Diez años de distancia nos separan, y continúan los ecos de palabras conversadas, de canciones a los gritos cantadas, de secretos bien guardados, de tu voz llena de vida,  de tu mano amiga siempre a todos extendida, de tu vida con alas.

Amigas que llenan el espacio de miles, bastó tan solo una mirada para saber que serías eterna. Inmortal por lo menos en mi alma.

La voz de un teléfono que sonaba apagada por la angustia, me hizo saber que ya no estabas.

De un corazón achicharrado, saltaron lágrimas que inundaron  mi cuerpo y llegaron hasta el alma. Maldiciendo la distancia, no hubo consuelo en palabras.

Un nuevo año que comenzaba trayendo a la tristeza enjaulada.

Quise correr a abrazarte, quise que me envolvieras con tus alas.

Te rogué que volvieras, que no nos dejaras.

Una luz amarilla brillante marcó el espacio vacío que dejabas y subió hasta el cielo, donde te marchabas. La tierra se tiñó del rojo color de tus entrañas.

La luna de rock se sintió opacada, sin tu brillo de vida, sin la luz de tu mirada, sin la alegría de vida a la que nos tenías acostumbradas. Faltaba la energía de tu simple mirada.

Cómo en una máquina del tiempo, los años volvieron todavía mucho más atrás, y descolgué la frase en lápiz borroneada por el destino. Esa que de tanto repertirla ya la tenía tatuada en el alma. Entendí que había una razón, y recién ahora lo notaba. No era la sumatoria de vocales, era una oración que explicaba porqué vos ya no estabas.

“Los buenos mueren primero” ponía voz en las palabras. Con las rodillas en el suelo, arrugué el papel entre mis manos y las apoyé en el pecho. Y lloré tu partida y lloré tu ausencia, y me aferré al pedazo de vos que aún me quedaba.

A las fotos que aún guardo, a las letras en canciones cantadas que te hacen eco y no dejan que tu recuerdo parta.

Hoy entendí el verdadero significado, y finalmente entendí su verdad.

Aunque se que vuelas por los aires, maldigo al destino, maldigo no poder seguir escuchando tus palabras. Pero vuelas el vuelo de un hada. Se que estás en cada letra, de un tango que recuerda a una amada.

Amores que marcan el contorno del espíritu que te da forma; amores de amiga, amores de hermanas, amores de hijas, amores de amada. Amores de una luna que llora el rock de tus alas.

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y nosotros lo disfrutamos en familia en Universal.

Volvimos a LA hace dos días después de un paseo largo por Argentina y la verdad entre el jet lag, la emoción y el cambio de clima, estábamos agotados, pero no tanto como para rechazar la oportunidad de ir a celebrar un nuevo año chino con todos los personajes y atracciones que nos encantan. 

Con la Rata se inicia un nuevo ciclo, ya que es el primer animal de la rueda china, es decir, el año de la rata marca el inicio de nuevas energías y deja atrás una época de energías negativas. ¡Así que vamos por todo! Para ser más precisos el pasado 25 de enero de 2020 se dio comienzo al año de la rata de metal y sumado a que el 24 de enero se inició el período de Luna Nueva en Acuario, para los amantes y entendidos del zodíaco, los planetas y las energías estamos en una época muy especial. A mí en lo personal me encanta, pero soy muy amateur en el tema, por eso sigo y leo a las que sí saben.

Pero sí sé que cada cambio de año existe una rueda de energía que se reactiva. La energía mecánica es aquella que usamos para movilizarnos a diario, es la fuerza que usamos para realizar un trabajo físico, pero no mental.

La Energía mental es aquella que usamos para una vez llegar a nuestro destino, realizar un trabajo mental y poder ejecutar nuestros movimientos con calidad y exactitud. El nuevo año chino, el año de la rata, es la oportunidad para activar estas dos energías.

Vamos con todo y por todo a hacer realidad nuestros sueños este año también. Siempre digo que los deseos son deseos, pero que para cumplirlos hay que trabajar duro, sino se quedan en el mismo lugar donde se los pide.

En fin, nosotros nos fuimos a Universal, en familia, con la nueva incorporación de Clemente y su primera vez en el parque. Tuvo un encuentro no muy agraciado con Shrek, parece que para mi peque los orcos verdes no son sus preferidos.

El que no paró y disfrutó hasta gastar la última de las gotas de energía fue Coty, se sacó fotos con sus personajes preferidos, bailó, practicó KungFu y volvió a disfrutar de las atracciones.

Por supuesto dejamos nuestros deseos en los “Wishing Trees” en Universal Plaza.

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-P E A C E – 🧧 the “Year of the Rat” 🐀

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Siempre le digo a todos que Universal tiene esa espectacular ventaja de ofrecer a los visitantes la oportunidad de elegir qué comer. Nosotros pasamos por Po’s Village y disfrutamos de las opciones saludables en el restaurante de su papá: Mr. Ping’s Noodle Shop.

Como cada nueva visita, tuvimos sorpresas, gritos de emoción y un especial rato en familia. Nunca dejo de recomendarles a todos que no se pierdan la oportunidad de visitar Universal Studios Hollywood y menos ahora que tiene unas promociones increíbles. 

 

Nueva atracción en Universal Studios Hollywood: “The Secret Life of Pets: Off the Leash!”

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Los que amamos nuestros familiares de cuatro patas, caímos rendidos de amor frente a la primera saga de Pets, y nos terminamos de volver locos con la segunda. En casa proclamamos a los cuatro vientos una consigna fundamental: ADOPTE, NO COMPRE, pero después por supuesto […]