Autor: sofizermoglio

Abuelos Gratis en el San Diego Zoo Safari Park

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“La vida mentirosa de los adultos” de Elena Ferrante

“La vida mentirosa de los adultos” de Elena Ferrante

Cuando leí el título por primera vez, me imaginé que me iba a zambullir en una historia completamente diferente.

Leerlo me subió a una montaña rusa de esas que uno cree que no va a ser tan intensa pero que cuando te bajas saliste con los pelos parados.

Wow. ¡Qué libro! Volví a la piel de una adolescente. Le vi la cara a la incertidumbre, a la búsqueda de identidad, a la falta de herramientas, al ir caminando por la vida con los ojos vendados. El despertar sexual, los primeros pasos en la vida adulta, las relaciones humanas, y todo eso que pasa en uno mismo mientras se crece y la vida que comienza a dar cachetazos… 

Y la mentira…

Y aprender a mentir.

Y mentir.

Y que te mientan…

Y que descubras mentiras… y veas lo mucho que duelen las mentiras.

“Perfeccioné mi forma de mentir diciendo la verdad”

Puff me rompió la cabeza.

En esta historia de intrigas constantes, de misterios que necesitan salir a la luz, y desde la piel de Giovana, cuando leas este libro, vas a pasear por lugares comunes pero de una forma tan real y cruda que no vas a poder dejar de leerlo. 

Gracias Elena Ferrante, “la escritora sin rostro” que atrapa desde el primer renglón: “Dos años antes de irse de casa, mi padre le dijo a mi madre que yo era muy fea”. 

Si lo ves… no dudes en leerlo.

 

 

no preguntaré tu nombre

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Pineapple Carrot Cake

Pineapple Carrot Cake

En una nueva inventiva de #Comidasdelmundo en el que cocino pensando en un país pero con lo que tengo en mi alacena y heladera preparé una de mis tortas preferidas. La primera vez que la comí fue viviendo en USA, pero su origen es europeo. El primer registro que se tiene de esta torta de zanahorias es de 1591 en Inglaterra y además aparece en un libro de recetas del que fuera el chef de Louis XVI. Pero también he leído por ahí que antes, mucho tiempo antes, los escoceses ya preparaban su versión de esta delicia. Ayer, Domingo de Pascuas, tal vez tentada por los conejos, decidí preparar mi versión de mi torta preferida.

Y efectivamente es mi versión x q la hice gluten free. This carrot cake taste like heaven.

Pineaple Carrot Cake

14/04/2020
: 15
: easy

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Ingredients
  • 1 1/2 taza de harina de almendras. 1 1/2 cups almond flour
  • 1 cucharada de sal 🧂 1 teaspoons salt
  • 1 1/2 cucharadita -teaspoon baking soda
  • 1 cucharadita de canela 1 tablespoon cinnamon
  • 1/8 taza de aceite vegetal (yo usé coco 🥥)
  • 1/8 cup coconut oil, melted
  • 1/4 taza de miel 🍯 o maple 🍁 syrup
  • 1/4cup maple syrup
  • 3 huevos 🥚 eggs
  • 1 taza de zanahoria 🥕 rayada
  • 1 cup grated carrots
  • 1 taza de piña 🍍 cortada
  • 1cup crushed pineapple.
Directions
  • Step 1 Preparación:
  • Step 2 👉🏻1 Precalentamos el horno.
  • Step 3 Preheat oven to 350.
  • Step 4 👉🏻2 Pincelamos una tortera de 22cm con aceite vegetal, yo usé Coco.
  • Step 5 Prepare one 9 inch cake pan by brushing it with vegetable oil. I used coconut oil.
  • Step 6 👉🏻3 Mezclamos harina de almendras, sal, baking soda y canela en polvo.
  • Step 7 Mix almond flour, sea salt, baking soda and cinnamon in a bowl.
  • Step 8 👉🏻4 Mezclamos el aceite de coco, maple syrup y los huevos. Whisk together coconut oil, maple syrup and eggs.
  • Step 9 👉🏻5 Unimos los ingredientes secos a la preparación anterior e incorporamos la zanahoria rayada.
  • Step 10 Add almond flour mixture into wet ingredients along with carrots.
  • Step 11 👉🏻6 Agregamos el ananá cortado chico, también guardamos algunos para decorar.
  • Step 12 Pour batter into prepared pan and spoon pineapple on top of cake.
  • Step 13 👉🏻7 Cocinar durante 30 a 35 minutos. Dejamos enfriar y disfrutamos!
  • Step 14 Bake in preheated oven 30-35 minutes. Allow to cool and enjoy!
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Desconectados

Desconectados

La gente no sabe, pero los observo: quietos, en silencio, no escuchan, no hablan, no ven, casi que no sienten. Robots frente a una pantalla táctil con ojos vidriosos, resecos. Momentos de conexión que han pasado a ser parte del olvido.

En algunas ocasiones los vagones traen ecos en forma de risas de otros tiempos en los que las personas se miraban a los ojos y comentaban sus días.

Pero la gente ya no habla de sus días. Ahora se comparten espacios en soledad a través de un teléfono móvil.

Nuevas formas de creernos conectados.

Somos empáticos a las fotos que vemos en las cuentas perfectas de perfectos desconocidos.

Parece que solo yo los veo.

Incluso el amor en estos tiempos modernos es ajeno a los besos y las caricias.

Una pareja que espera en el andén de la mano, se sienta donde puedo verlos con claridad. El saca su teléfono y juega un juego. Ella desliza el dedo hacia arriba y cada tanto pulsa dos veces la pantalla. Solo sus hombros se tocan. No hay comentarios, no hay complicidad. Ella levanta la vista, guarda el aparato móvil y acomoda la cartera sobre su hombro. El nunca deja de jugar su juego. Ella acerca la boca a la frente de su enamorado, dibuja en su beso unos labios ausentes. El devuelve un saludo apagado sin mirada a los ojos, sin el fuego del amante que se separa de su amada. El tan solo ve los puntos que va uniendo en su teléfono. Mientras el tren retoma su meneo, veo que ella intenta, casualmente, encontrar la mirada de su novio a través de la ventana: disociación.

Parece que solo yo los veo.

Sólo aquellos a los que la sociedad amarrada al teléfono llama locos son los que hablan. Levantan sus voces como queriendo despertar a los dormidos, que lejos de despabilarse miran de reojo y mueven sus cabezas en señal de desaprobación.

Parece que solamente yo los veo.

Los niños pequeños ya no gritan asombrados con sus narices pegadas al vidrio. La indiferencia también ha oscurecido sus corazones que solo se activan frente a una pantalla de colores y sonidos que aturden y adormecen las preguntas y el asombro. Pequeñas maquinitas que no cuestionan, no leen, no prestan atención. Afortunadamente para los seres grises en los que nos hemos ido convirtiendo, los niños tampoco hacen ruido, o al menos hasta que uno de estos aparatos pierde su poder hipnotizador al quedarse sin batería.

Parece que solo yo los observo.

Pero luego lees en las aplicaciones, en las que todos creen estar conectados con todos y se habla de desigualdades, de ponerse en los zapatos del otro. Creen que entienden como funciona el mundo porque alguien con muchos seguidores, competente o no en alguna materia, dando su punto de vista totalmente subjetivo, da cátedra del cómo, cuándo y por qué de la vida (propia y ajena).

Parece que solo yo los sigo observando.

Una joven le habla directamente a la pantalla de su teléfono. Sentada sola en un vagón a medio llenar, ella coquetea. Toma un lápiz de labios y marca su boca de un tono fuerte. Ella sigue hablando sola. Coquetea con alguien que no está con ella. Coquetea con ella misma. Improvisa caras. No está loca, está sola, está sola consigo misma. A nadie le parece raro que alguien le hable a una pantalla.

Tal vez es que solamente yo puedo verlo.

Los seres grises con los que comparto el tren, creen que saben pues leen twitter. Creen que tienen amigos pues suman desconocidos en sus redes sociales impersonales y cibernéticas. Se creen eruditos en una materia pues comentan y son comentados.

La gente no sabe, pero los observo a través de las cámaras de los vagones que todo lo saben y controlan.

Alguien llama mi atención. En el continuo abrir y cerrar de puertas en gastadas estaciones. En el vaivén de seres con rostros grises que suben y bajan. En el mecimiento adormilado de los brazos, manos y su extensión táctil, dos mujeres, ajenas al frío del desconocimiento hablan frente a frente, casi que parece que estuvieran mirándose a los ojos.

Ahora las observo solamente a ellas. Ellas probablemente saben que en el constante rojo titilar  la cámara sobre sus cabezas, alguien las examina en silencio.

No escucho sus voces pero veo el movimiento de sus labios, sus gestos. Sonríe una de ellas. Ríe la otra mientras unos rulos indomables no dejan de balancearse.

Las veo, las observo. Me intrigan.

Parece que si se vuelve del gris y reaparecen los colores.

De las mil pantallas que miro, de toda esa gente que persigo con la mirada, del panóptico motor invisible que a todos nos controla, siento que vuelvo a ver la luz mientras solamente yo observo.

Letras

Letras

Me preocupé por mirar el papel. Es que estaba desorientado y sentía la necesidad de buscar una mano amiga que me sacara de la angustia y liberara la opresión que sentía en el corazón. Note que no podría volver a escribir y creí que todos […]