De este mundo y un poquito más allá

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Amé Chile y sus chilenos

Amé Chile y sus chilenos

Amé Chile y sus colores y la risa continuada de sus anfitriones. Amé Chile y sus colores, amé sus montañas de fría nieve blanca amé el sinfín de los verdes cerros amé el cobre mineral de sus suelos amé el rosado quarzo de sus entrañas […]

“Más allá del invierno” de Isabel Allende

“Más allá del invierno” de Isabel Allende

Siempre que Isabel Allende saca un libro nuevo siento cosquillas en la panza… Amo cuando sé que tiene libro nuevo porque la encuentro dueña y señora de el don maravilloso de poder hacernos volar.  La he leído tantas veces que la siento como una tía […]

Aquella que siempre serás… 

Aquella que siempre serás… 

“Aquella que sos…
Aquella que fuiste…
Aquella que siempre serás…

La más sincera, aunque la sinceridad doliese.
La amiga de todos.
La que caminaba por la calle sin dejar de saludar a nadie.
La sonrisa inmensa.
La confiable.
La que escuchaba y guardaba secretos que hoy deben llenar su tumba.
La que entraba sin miedo a los barrios más pobres para ver qué estaba haciendo falta y cómo podía ayudar.
La que preguntaba: ¿cuánto calzas? para salir por todos lados a conseguirle un par de zapatos a ese total desconocido.
La que en pleno verano juntaba frazadas para cuando llegara el invierno.
La precavida.
La que siempre estaba preocupada por todos. La que pensaba en todos, incluso por sobre ella misma.

Era así: simple. Inmensa.
Un corazón enorme que desbordaba emoción.
Era sincera y soñadora… era pura, auténtica.

Tenía la increíble virtud de ver a través de los ojos de la gente.
Siempre dispuesta a dar otra oportunidad.
Estaba hecha de retos bien dados cuando nos íbamos de costado.
Era luz, sabiduría y templanza.
Era la certeza de poder contar con ella.
La alegría desmesurada y sincera en los logros ajenos.

Y era belleza.
Y era tan simple en su belleza…
Cuando era pequeña un sacerdote la inmortalizó como “Virgen Niña” en una pintura para una iglesia alemana… ojalá hoy pudiera dar con ese lugar en el que tienen el rostro de mi madre como el rostro de la madre de todos.
Siempre fue devota de la Virgen, tal vez por eso nunca le soltó la mano.

Fue un ejemplo de mujer.
Nos enseñó que ante las adversidades, unidos, era la forma de salir adelante.
Ella era confianza, tenía la maravillosa virtud de sacar lo mejor de las personas.
Exigía cuando sabía que podías más, te invitaba a traspasar tus propios límites. Estaba parada para aplaudir y festejarte cuando los alcanzabas, y cuando no, también estaba para levantarte, sostenerte y animarte a volver a empezar.

Mi mamá fue una hermana presente y compañera.
Fue una mejor amiga.
Fue una gran esposa.
Fue sumatoria de valores e integridad.
Valiente, guerrera.
Educaba con su ejemplo.
Para ella la familia lo era todo.
Tal vez porque ella misma era familia. El árbol de ramas enormes para cobijarse. La madre con pecho enorme donde se encontraba consuelo y se pasaban los malos tiempos.

Madraza. Conmigo, con mi hermano, con hijos ajenos, con su yerno, con nietos que no eran sus nietos, con niños como “Nico”, su carrero que durante años, vistió y alimentó y que ya adolescente, tocó el timbre de la casa de quién en tantas oportunidades lo había ayudado, para una vez más querer darle las gracias.
Mi mamá era esa ayuda silenciosa porque nadie la veía cuando lo hacía ni tampoco necesitaba contarlo.
Mi mamá fue la inyección de vida que le dio Constantino en su rol de abuela.
Y sin dudas ES la felicidad que tendría hoy al saber que pronto llega Sara.

Mamá era jugos de naranjas exprimidos. Eran películas antiguas que miraba. Era suaves caricias. Era el flan más rico del universo desde que ocupó el lugar de Lita.
Era su pasión por los anticuarios. Los regalos pensados. Los libros dedicados. Las notitas de amor escondidas por todos lados. La delicadeza de sus pasos. Su andar liviano. Sus recuerdos. Las anécdotas de su infancia.
Palabras certeras en horas inciertas.
Aquella que sos…
Aquella que fuiste…
Aquella que siempre serás…
Eterna.
…y mi orgullo de llamarte Mamá.”

“Los niños de la estrella amarilla” de Mario Escobar

“Los niños de la estrella amarilla” de Mario Escobar

Hablando con un compañero de trabajo con quien compartimos el amor por los libros me comentó que “Los niños de la estrella amarilla” era una de esas “joyitas” de la literatura que no podía dejar pasar. A los días, ya lo tenía entre mis manos.  […]

Llegó “Aquella que soy”

Llegó “Aquella que soy”

“Aquella Que Soy” es una selección de cuentos cortos y poesía que se entrelazan con ilustraciones que nacen de los textos. Es la comunión de cada historia con su ilustración que se transforman en una experiencia única para el lector, cuando escoge sus colores para darle punto […]

Meditar…

Meditar…

Hace un par de días publiqué en mi cuenta de instagram, una foto en la que estoy meditando.

Para mí alegría, recibí varios mensajes en los que muchas me preguntaban los cómo, porqué, para qué…

Sinceramente amé recibir todas sus inquietudes y preguntas porque cuando empezamos a realizar algo con regularidad nos vamos olvidando lo que cuesta empezar a practicar algo nuevo. Nos olvidamos de todos los interrogantes y de que hay muchas personas que se encuentran en los mismos zapatos que tenía puestos (en este caso yo) cuando inicié este camino en el 2011.

Mis comienzos

Desde que tengo memoria, sufro de migrañas. Tenía 6 años y ya pasaba horas en el cuarto con todas las ventanas cerradas tratando de que todo se mantuviera lo más silencioso posible porque mi cabeza era un bombo a punto de explotar. Esas migrañas horribles que acompañan vómitos, mareos y que incluso a veces hasta dan la sensación de que te vas a desmayar. Un espanto.

Por eso es que soy capaz de recordarme sentada en posición “buda”, sin tener ni idea de lo que estaba haciendo, tratando de apagar pensamientos para mermar el dolor de cabeza que no me dejaba mover. Lo hacía sin entender o saber lo que hacía. Por eso, ahora que he “aprendido”, o mejor dicho he incorporado “técnicas” que se suponen “precisas” para una persona que medita, me doy cuenta que la meditación es algo personal.

Con el tiempo entendí que no hay técnicas, ni religiones, ni formas correctas, ni modos exactos, ni nada que se le parezca capaz de decir que lo que yo hacía cuando era una niña estaba mal. De hecho estaba perfecto. Mi práctica “casera”, surgía de la necesidad de encontrar tranquilidad en la cabeza, de apagar ruidos, de encontrar alivio. Lo que hacía antes es lo mismo que hago ahora, solo que hoy soy consciente de lo que estoy queriendo hacer y ya no lo hago por dolor sino por necesidad.

Mi experiencia personal

Como muchas de ustedes,  creía que no podría hacerlo sola. Que necesitaba un “maestro”, un iniciador, un guía, así que lo busqué. Recuerdo hasta la fecha de otoño en la que me reuní con él. Estaba tensa. Con los ojos cerrados sentía que mis pupilas tenían vida propia debajo de mis párpados caídos. ¿Respiro más fuerte? ¿Hay que poner los dedos en posición “shunya mudra” o no hago nada?. Estaba pendiente de cada sonido.

Recuerdo estar en silencio porque de mi boca no salía sonido alguno, pero mi cabeza repetía una y otra vez el “mantra”, prestando especial atención en decirlo correctamente, en pronunciarlo bien, pero a la misma vez mi cabeza volvía a convertirse en una “melange” de pensamientos que se amontonaban.

A mayor silencio exterior, le correspondía mayor lío mental.

A mayor necesidad de silencio, le correspondía mayor cantidad de pensamientos.

-¿Cuánto faltará para que termine esto?

-¿Lo estaré haciendo bien?

Ese primer día llegó a su fin y afortunadamente por una sumatoria de razones que no tienen razón aparente, continué perfeccionando mi práctica.

Nada se logra de un día para el otro, la constancia es clave PARA TODO.

Mi maestro y el fanatismo

Tiempo después dejé a mi “maestro”. No había forma de encontrar coherencia entre lo que él profesaba y lo que demostraba en sus hechos. Una cuestión muy personal porque conozco muchas personas que sí siguen con él. Tengo la mala suerte de ser un estilo de persona a la que no me gustan las medias tintas. Soy de las que creen que “la palabra” de una persona es lo que nos hace ser quienes somos. Soy coherente conmigo misma. También soy de las que prefieren equivocarse y pedir perdón, pero con la cabeza en alto porque mis actos y mis palabras van en el mismo camino aunque tenga que volver pasos atrás.

Sé que no me equivoqué, porque nunca cuando le hacemos caso al corazón nos equivocamos. Esto no significa que yo crea que es una mala persona, simplemente no era la persona para mí.

Ahora me gustaría ser sincera y compartir un pensamiento: en la meditación nada está bien o mal. Nunca podes meditar MAL. Nunca podes intentar encontrar silencio y paz mental y que lo hagas mal.

La meditación es la búsqueda de uno mismo pero también es el encuentro con Dios. Lo siento así porque sé que Dios está en mí.

Meditar no es una ciencia dura. No es matemática. No hay una forma dura y estructurada. Ni siquiera sus beneficios, que son cientos, pueden ser comprobados mediante un método científico. Aunque les aseguro que personalmente vayan  a poder ver lo bien que funciona en un breve período de tiempo.

La forma correcta 

La forma correcta de meditar es y será la que sientas perfecta en tu corazón.

Una vez más, hay que darle una oportunidad, porque la práctica hace al maestro. Hay que ser conscientes, regulares, permanentes y consistentes.

Cuando logramos el silencio interior al menos por segundos, es como vamos a comenzar a darnos cuenta que estamos haciendo lo correcto. Sí, dije bien, los primeros pasos se dan por SEGUNDOS.

Aunque es una técnica personal, nunca se cierren a sugerencias y comentarios.

Lo que hago yo

  • Dos veces al día. A la mañana bien temprano y tipo 7 de la tarde porque trato de no hacerlo justo antes de irme a dormir. Yo lo hago por 20 minutos, pero si sientes que es mucho tiempo, intenta con 15.
  • Elige un lugar que sea lo más silencioso y tranquilo posible. Con el tiempo verás que podrás meditar en cualquier lado porque los ruidos externos no van a molestarte, pero hasta que eso ocurra, procura encontrar también silencio exterior.
  • Puedes meditar en casa, en el aire libre o en la oficina.
  • Hay que sentarse cómodas.
  • Hombros relajados. Cabeza como que estuvieras mirando al frente.
  • Los ojos suavemente cerrados.
  • Los brazos y manos donde sientas que cae en forma natural. Que la posición de cada parte de tu cuerpo se sienta relajada.
  • La cabeza NUNCA va apoyada porque corres riesgo de quedarte dormida.
  • Si no tienes un mantra, elegí una palabra suave y con significado positivo tipo AMOR-PAZ, sino en internet se puede buscar un mantra de luz, mantra para iluminar, para tranquilizarnos, etc etc.
  • Hay quienes observan su respiración. En mi experiencia, creo que me olvido de la respiración. A veces se vuelve casi imperceptible, ni cuenta me doy si respiro o no (jeje, aunque por supuesto que lo hago).
  • Se puede también visualizar algún pensamiento positivo o poner en el lugar del tercer ojo imagen inspiradora.
  • Una vez que hiciste todos los pasos anteriores y cerraste los ojos y luego de unos segunditos en los que intentas tener la cabeza en silencio, comienza a repetir tu “mantra”, buscar tu imagen o seguir tu respiración.
  • Cuando comenzaste a decir tu mantra en el cerebro una y otra vez en forma pausada y tranquila, se siente como que la palabra se toma de la mano con todas la que sigue. Como una especie de melodía. Cuando te das cuenta que te fuiste del mantra y estás pensando en cualquier cosa, LENTAMENTE se vuelve a buscar el camino de regreso despacito a tu palabra-mantra.
  • Al principio vas a tener que tener un reloj al lado para asegurarte de llegar al tiempo indicado, pero con la práctica te vas a dar cuenta que el tiempo es interno y vas a descubrir que no hay necesidad de relojes. A los 20 minutos vas a abrir los ojos. Otras veces si te quedas un ratito más, tal vez sea porque el cuerpo/mente lo está necesitando.

Cuestión de tiempos…

Yo también soy madre. Yo también soy madre y trabajo “full time”. Yo también soy madre, trabajo “full time” y preparo todos los días la comida… ¿seguimos?

Las excusas con algo que se supone que van a practicar por un beneficio personal, no son válidas. No nos podemos mentir a nosotras mismas.

En fin…. ¿por qué practicar la meditación?

Practico la meditación porque como muchas otras cosas importantes que han llegado a mi vida, han sido buscando salud.

En mi viaje físico y espiritual, encontré en la meditación un aliado. Porque si bien comenzó con algo del cuerpo, terminó siendo fundamental para mi alma.

Sentirme sana de espíritu me ayudó a sanar el cuerpo. Cuerpo y alma van de la mano.

Produce resultados grandiosos a quiénes buscan mejorar su salud, vitalidad, aumentar la conciencia intelectual, mejorar la memoria o alejar el estrés… Meditar tiene más de 100 beneficios reconocidos, y entre ellos ayuda a que tu día a día sea muchísimo más productivo, alegre y placentero.

Es la técnica de relajación ideal para amortiguar la mente y el cuerpo de los ataques constantes del estrés y del día a día. Pero también es una manera agradable y eficaz para transformar tu vida.

En la vida a muchas cosas me dijeron que no. En el 2010 me dijeron que por mi enfermedad no iba a ser madre, hoy tengo un hijo hermosamente sano. La vida me ha hecho entender que hay muchas cosas que pueden pasar y te pueden poner miles de barreras y obstáculos, pero mientras esas trabas no se las ponga uno mismo, nunca van a ser tan fuertes como para no poder romperlas. Lo único que no se puede cambiar en la vida, es la muerte, para el resto de las cosas, olvídense de los límites y a comerse la vida, porque en el último segundo de vida, lo único que va a quedar es todo lo que vivimos, todo lo que amamos.

Pero sea como sea, ahora tienes la oportunidad de convertirlo en el hábito que cambiará tu vida para siempre.

 

El círculo virtuoso -Gaby Natale-

El círculo virtuoso -Gaby Natale-

Cuando escribo me gusta hacerlo con lápiz y marcador en mano. Guardo para mí cada detalle, cada palabra, cada frase inspiradora. De este libro guardé varias frases y decidí volver cada tanto voy a volver a hacer varios ejercicios interesantes con los que me encontré. […]

lloré…

lloré…

cuando lloré ríos que se alzaron en océanos, cuando dejaron de cantar los pájaros en el cielo, cuando las estrellas apagaron el firmamento, fue cuando entendí que ya no volverías…   Y  me quedé en silencio, y me  sequé las lágrimas, y levanté los ojos, […]

Soltar…

Soltar…

Soltar… Dejar ir…
Cuando estamos haciendo un duelo que duele, lograr salir adelante y permitirse seguir viviendo con una ausencia infinitamente gigante, no significa tener que esconder. Guardar las fotos en un cajón, dejar de recordar sus palabras. Dejar de tenerla presente y no hablar más de ella solo intensifica la necesidad. El duelo significa encontrar otras formas, permitirnos que en el lugar inmenso en el que guardamos su recuerdo, sus palabras, sus consejos, sus caricias, su amor incondicional, se llene de alegría.
Permitirse encontrar tranquilidad en el recuerdo de la felicidad de los momentos compartidos y en la gratitud de haberla tenido en nuestras vidas.
Mirar sus fotos y sonreír. Que sean esas las caricias que llenan la ausencia y que ese recuerdo sea lo que ponga paños fríos al dolor de no poder darle un abrazo.
No esconder sino venerar.
No olvidar sino recordarla feliz

Me quiero, ¿te queres? vamos a querernos juntas…

Me quiero, ¿te queres? vamos a querernos juntas…

Siempre hago hincapié en los beneficios de la cúrcuma. Algunas van a recordar que ya he hecho algún que otro post al respecto…