De este mundo y un poquito más allá

Categoría: Health & Food

Bienvenido Quimbombó a mi vida

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Preparemos un delicioso caldo de verdura casero

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¿Por qué soy vegetariana?

¿Por qué soy vegetariana?

Soy argentina y soy vegetariana, no un marciano.

Hace unos días una persona a quien acababa de conocer cinco minutos antes me dijo que era un “desastre”.

No respondí. Hay comentarios que no merecen una respuesta.

Sobre todo porque esa persona no tiene idea los años de búsqueda, de introspección, de preguntas sin respuestas por los que pasé, y por los que hoy, cuando alguien opina negativamente sobre mi elección, me importa realmente un carajo.

¿Qué puedo esperar de alguien que no me conoce si incluso hasta mi familia me lo cuestionan? Todavía personas que me conocen desde hace años, hacen burlas sobre mi elección.

Pero justamente porque no me importa lo que piensan, es por lo que decidí ofrecer, al que tenga ganas de leer, una respuesta al constante interrogante de por qué soy vegetariana.

Mayo es el mes que yo cuento como un nuevo aniversario de aquel diagnostico certero. Seis meses antes venía buscando respuestas a mi dolor; a mi tobillo hinchado como una pelota de béisbol; a necesitar 40 minutos para caminar las tres cuadras que me separaban de mi  trabajo de entonces; a los baños frío-calor que me daba sentada en la bañadera para poder dar rueda a mi pie y que me permitiera comenzar el día sin llorar; a las 6 pastillas diarias que tomaba para el dolor y que sabía el daño que estaban causando en mi estómago.

Desde el 2005, pasé por 14 cirugías del tobillo en 10 años. Y necesité algunos años más para sentirme a salvo de mi enfermedad.

Necesité demasiadas dosis de un medicamento que me generaba un malestar indescriptible, que me tiraba en la cama, que me sacaba las fuerzas que inundaba de dolor mis músculos.

Necesité que me fusionen mi tobillo izquierdo, resignarme y perder su movilidad.

Necesité dolor físico.

Necesité la angustia que cada cirugía me dejaba y, por consecuencia de ellas, necesité perder el cartílago que permite que en las articulaciones rocen un hueso contra otro sin provocar dolor.

14 años más tarde de aquel desesperante diagnostico sigo sufriendo las secuelas que todo lo anterior me ha dejado: un cuerpo desbalanceado, dolor en la espalda, cadera, rodillas, en la pierna izquierda por la falta de movilidad, en la pierna derecha por el exceso de trabajo.

Rescindí, a fuerza de golpes de realidad, mi propia vanidad.

Veo el inescrupuloso y constante paso de los años sobre mi cuerpo lastimado, pero más veo las cicatrices internas que esta enfermedad ha dejado tatuada en mi alma.

Siempre digo que hoy no sería la mujer que siento que soy, sino fuera por el golpe enorme y temprano que la vida me dio.

No puedo esperar que un desconocido entienda mi decisión de no comer animales. Nadie entiende lo que he pasado ni lo que he vivido, pues las experiencias no son compatibles, ni comparables, y no todos los humanos reaccionamos igual frente a los golpes. Yo no estoy segura que ésta forma de pararse frente a los hechos sea la mejor forma, o la correcta, pero lo ha sido para mí y eso es lo que me importa. Es la forma en la que yo aprendí.

Muchos me cuestionan sobre la proteína. ¿Tomás vitaminas? ¿Cuáles?

La verdad es que no los he necesitado nunca porque soy súper cuidadosa y meticulosa con mi alimentación. En la variedad de colores de mis platos están todos los nutrientes y vitaminas que necesito. Lo único “extra” que le doy a mi hijo y que incorporo yo es B12, pero de todas formas consumo huevos y queso e incluso a veces leche.

  • Cuando hablamos de huevos debo decir que pago extra por los “orgánicos” porque no tengo lugar suficiente en mi casa para tener mis propias gallinas (aún).
  • Consumimos muy poca (o casi nula) cantidad de leche vacuna, mi hijo toma yogures que busco con la menor cantidad posible de azúcar agregada

 Pero lo que estos años de búsqueda y descubrimiento me han dado, es la oportunidad de desarrollar una comunicación con mi cuerpo.

Me presto atención, me escucho. Ahora entendiendo y escuchando he aprendido a respetarme.

Mi cuerpo es mi templo.

Hay que cultivarlo a diario y alimentar cuerpo, mente y espíritu. Cada uno van de la mano. El estar “sano” es una combinación perfecta de las tres.

¿Creo que dejar de comer animales es una decisión que deberían tomar todos?

ABSOLUTAMENTE NOCada organismo es un mundo y lo que me funciona a mí no necesariamente va a funcionarte a vos.

No se puede ir por la vida obligando a las personas a que sigan el mismo camino que uno porque no todos tenemos los mismos tiempos, ni entendemos lo mismo de similares situaciones, ni sacamos las mismas conclusiones.

Nadie ama igual que otro ser humano. No dormimos igual. No caminamos igual. No nos vestimos igual (aunque existe una gran tendencia a ser cada vez más esclavos de lo que dictan unos pocos), y por ende no nos alimentamos igual, y aunque comiéramos del mismo plato, la reacción en dos individuos diferentes va a ser también distinta.

Desde chica tuve mis reservas sobre comer animales, por eso he sentido alivio al dejar de consumirlos. Mi experiencia personal ha sido muy satisfactoria, pero como dije antes, es una decisión personal y no todos los organismos están preparados para abandonarla.

 Mi recomendación siempre va a ser que aprendas a escuchar a lo que tu cuerpo te dice. 

  • Sí te digo: no vayas a McDonalds, no comas “hot dogs”.
  • Sí te digo: aprende a hacer hamburguesas caseras. Busca lugares donde preparen comida con productos al menos un poco más naturales.
  • Sí te digo: no tomes coca cola ni pepsi ni sus parientes cercanas.

Que sea paso a paso, pero que en cada pasito avances.

¿No te gusta el agua?

Si quieres te enseño a hacer aguas saborizadas con frutillas o pepino o limonada… son refrescantes y no incluyen azúcar, ni venenos.

No quiero ser reiterativa pero: escuchá a tu cuerpo, prestate un poco de atención, creo que lo he dicho varias veces pero a fuerza de caídas yo he aprendido a escuchar el mío, por eso te digo, si algún día siento que mi cuerpo necesita carne animal, no voy a dudar ni un solo segundo en dársela. 

 

 

El año pasado volví a estudiar. IIN me está ayudando a responder interrogantes, a explicar y entender conceptos de una alimentación

saludable para mi cuerpo y mi alma. Estoy súper feliz de saber que en breve voy a incluir un nuevo título a mi carrera, un nuevo

logro en mi vida, voy a ser oficialmente: “Health Coach”.

Ya tengo mis primeros pacientes, así que si te interesa saber un poco sobre mi “Programa de 6 meses” o quieres sumar un título a tu CV

¡Avísame!

 

P.D. se agradecen comentarios o sugerencias en el post.

 

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Meditar…

Meditar…

Hace un par de días publiqué en mi cuenta de instagram, una foto en la que estoy meditando.

Para mí alegría, recibí varios mensajes en los que muchas me preguntaban los cómo, porqué, para qué…

Sinceramente amé recibir todas sus inquietudes y preguntas porque cuando empezamos a realizar algo con regularidad nos vamos olvidando lo que cuesta empezar a practicar algo nuevo. Nos olvidamos de todos los interrogantes y de que hay muchas personas que se encuentran en los mismos zapatos que tenía puestos (en este caso yo) cuando inicié este camino en el 2011.

Mis comienzos

Desde que tengo memoria, sufro de migrañas. Tenía 6 años y ya pasaba horas en el cuarto con todas las ventanas cerradas tratando de que todo se mantuviera lo más silencioso posible porque mi cabeza era un bombo a punto de explotar. Esas migrañas horribles que acompañan vómitos, mareos y que incluso a veces hasta dan la sensación de que te vas a desmayar. Un espanto.

Por eso es que soy capaz de recordarme sentada en posición “buda”, sin tener ni idea de lo que estaba haciendo, tratando de apagar pensamientos para mermar el dolor de cabeza que no me dejaba mover. Lo hacía sin entender o saber lo que hacía. Por eso, ahora que he “aprendido”, o mejor dicho he incorporado “técnicas” que se suponen “precisas” para una persona que medita, me doy cuenta que la meditación es algo personal.

Con el tiempo entendí que no hay técnicas, ni religiones, ni formas correctas, ni modos exactos, ni nada que se le parezca capaz de decir que lo que yo hacía cuando era una niña estaba mal. De hecho estaba perfecto. Mi práctica “casera”, surgía de la necesidad de encontrar tranquilidad en la cabeza, de apagar ruidos, de encontrar alivio. Lo que hacía antes es lo mismo que hago ahora, solo que hoy soy consciente de lo que estoy queriendo hacer y ya no lo hago por dolor sino por necesidad.

Mi experiencia personal

Como muchas de ustedes,  creía que no podría hacerlo sola. Que necesitaba un “maestro”, un iniciador, un guía, así que lo busqué. Recuerdo hasta la fecha de otoño en la que me reuní con él. Estaba tensa. Con los ojos cerrados sentía que mis pupilas tenían vida propia debajo de mis párpados caídos. ¿Respiro más fuerte? ¿Hay que poner los dedos en posición “shunya mudra” o no hago nada?. Estaba pendiente de cada sonido.

Recuerdo estar en silencio porque de mi boca no salía sonido alguno, pero mi cabeza repetía una y otra vez el “mantra”, prestando especial atención en decirlo correctamente, en pronunciarlo bien, pero a la misma vez mi cabeza volvía a convertirse en una “melange” de pensamientos que se amontonaban.

A mayor silencio exterior, le correspondía mayor lío mental.

A mayor necesidad de silencio, le correspondía mayor cantidad de pensamientos.

-¿Cuánto faltará para que termine esto?

-¿Lo estaré haciendo bien?

Ese primer día llegó a su fin y afortunadamente por una sumatoria de razones que no tienen razón aparente, continué perfeccionando mi práctica.

Nada se logra de un día para el otro, la constancia es clave PARA TODO.

Mi maestro y el fanatismo

Tiempo después dejé a mi “maestro”. No había forma de encontrar coherencia entre lo que él profesaba y lo que demostraba en sus hechos. Una cuestión muy personal porque conozco muchas personas que sí siguen con él. Tengo la mala suerte de ser un estilo de persona a la que no me gustan las medias tintas. Soy de las que creen que “la palabra” de una persona es lo que nos hace ser quienes somos. Soy coherente conmigo misma. También soy de las que prefieren equivocarse y pedir perdón, pero con la cabeza en alto porque mis actos y mis palabras van en el mismo camino aunque tenga que volver pasos atrás.

Sé que no me equivoqué, porque nunca cuando le hacemos caso al corazón nos equivocamos. Esto no significa que yo crea que es una mala persona, simplemente no era la persona para mí.

Ahora me gustaría ser sincera y compartir un pensamiento: en la meditación nada está bien o mal. Nunca podes meditar MAL. Nunca podes intentar encontrar silencio y paz mental y que lo hagas mal.

La meditación es la búsqueda de uno mismo pero también es el encuentro con Dios. Lo siento así porque sé que Dios está en mí.

Meditar no es una ciencia dura. No es matemática. No hay una forma dura y estructurada. Ni siquiera sus beneficios, que son cientos, pueden ser comprobados mediante un método científico. Aunque les aseguro que personalmente vayan  a poder ver lo bien que funciona en un breve período de tiempo.

La forma correcta 

La forma correcta de meditar es y será la que sientas perfecta en tu corazón.

Una vez más, hay que darle una oportunidad, porque la práctica hace al maestro. Hay que ser conscientes, regulares, permanentes y consistentes.

Cuando logramos el silencio interior al menos por segundos, es como vamos a comenzar a darnos cuenta que estamos haciendo lo correcto. Sí, dije bien, los primeros pasos se dan por SEGUNDOS.

Aunque es una técnica personal, nunca se cierren a sugerencias y comentarios.

Lo que hago yo

  • Dos veces al día. A la mañana bien temprano y tipo 7 de la tarde porque trato de no hacerlo justo antes de irme a dormir. Yo lo hago por 20 minutos, pero si sientes que es mucho tiempo, intenta con 15.
  • Elige un lugar que sea lo más silencioso y tranquilo posible. Con el tiempo verás que podrás meditar en cualquier lado porque los ruidos externos no van a molestarte, pero hasta que eso ocurra, procura encontrar también silencio exterior.
  • Puedes meditar en casa, en el aire libre o en la oficina.
  • Hay que sentarse cómodas.
  • Hombros relajados. Cabeza como que estuvieras mirando al frente.
  • Los ojos suavemente cerrados.
  • Los brazos y manos donde sientas que cae en forma natural. Que la posición de cada parte de tu cuerpo se sienta relajada.
  • La cabeza NUNCA va apoyada porque corres riesgo de quedarte dormida.
  • Si no tienes un mantra, elegí una palabra suave y con significado positivo tipo AMOR-PAZ, sino en internet se puede buscar un mantra de luz, mantra para iluminar, para tranquilizarnos, etc etc.
  • Hay quienes observan su respiración. En mi experiencia, creo que me olvido de la respiración. A veces se vuelve casi imperceptible, ni cuenta me doy si respiro o no (jeje, aunque por supuesto que lo hago).
  • Se puede también visualizar algún pensamiento positivo o poner en el lugar del tercer ojo imagen inspiradora.
  • Una vez que hiciste todos los pasos anteriores y cerraste los ojos y luego de unos segunditos en los que intentas tener la cabeza en silencio, comienza a repetir tu “mantra”, buscar tu imagen o seguir tu respiración.
  • Cuando comenzaste a decir tu mantra en el cerebro una y otra vez en forma pausada y tranquila, se siente como que la palabra se toma de la mano con todas la que sigue. Como una especie de melodía. Cuando te das cuenta que te fuiste del mantra y estás pensando en cualquier cosa, LENTAMENTE se vuelve a buscar el camino de regreso despacito a tu palabra-mantra.
  • Al principio vas a tener que tener un reloj al lado para asegurarte de llegar al tiempo indicado, pero con la práctica te vas a dar cuenta que el tiempo es interno y vas a descubrir que no hay necesidad de relojes. A los 20 minutos vas a abrir los ojos. Otras veces si te quedas un ratito más, tal vez sea porque el cuerpo/mente lo está necesitando.

Cuestión de tiempos…

Yo también soy madre. Yo también soy madre y trabajo “full time”. Yo también soy madre, trabajo “full time” y preparo todos los días la comida… ¿seguimos?

Las excusas con algo que se supone que van a practicar por un beneficio personal, no son válidas. No nos podemos mentir a nosotras mismas.

En fin…. ¿por qué practicar la meditación?

Practico la meditación porque como muchas otras cosas importantes que han llegado a mi vida, han sido buscando salud.

En mi viaje físico y espiritual, encontré en la meditación un aliado. Porque si bien comenzó con algo del cuerpo, terminó siendo fundamental para mi alma.

Sentirme sana de espíritu me ayudó a sanar el cuerpo. Cuerpo y alma van de la mano.

Produce resultados grandiosos a quiénes buscan mejorar su salud, vitalidad, aumentar la conciencia intelectual, mejorar la memoria o alejar el estrés… Meditar tiene más de 100 beneficios reconocidos, y entre ellos ayuda a que tu día a día sea muchísimo más productivo, alegre y placentero.

Es la técnica de relajación ideal para amortiguar la mente y el cuerpo de los ataques constantes del estrés y del día a día. Pero también es una manera agradable y eficaz para transformar tu vida.

En la vida a muchas cosas me dijeron que no. En el 2010 me dijeron que por mi enfermedad no iba a ser madre, hoy tengo un hijo hermosamente sano. La vida me ha hecho entender que hay muchas cosas que pueden pasar y te pueden poner miles de barreras y obstáculos, pero mientras esas trabas no se las ponga uno mismo, nunca van a ser tan fuertes como para no poder romperlas. Lo único que no se puede cambiar en la vida, es la muerte, para el resto de las cosas, olvídense de los límites y a comerse la vida, porque en el último segundo de vida, lo único que va a quedar es todo lo que vivimos, todo lo que amamos.

Pero sea como sea, ahora tienes la oportunidad de convertirlo en el hábito que cambiará tu vida para siempre.

 

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