puntos suspensivos…

Hoy me sacaron los puntos. Todavía tengo q esperar un par de semanas  para avanzar al próximo casillero y otras tantas para llegar a la meta de mi “normalidad”.

Diez años atrás pasaron en mi vida varias cosas, algunas hermosas e inesperadas, como fue mudarme a California pero casi al mismo tiempo me enfermé.  Dualidad. En aquella felicidad de un nuevo comienzo, encontré la desesperación y la angustia de tener que hacerme cargo de algo que no quería mirar a los ojos.

Descubrir que estaba enferma fue devastador.

Durante diez los largos años que convivimos, pasé por momentos difíciles pero a la misma vez increíbles.

Este camino me mostró un sinfín de rostros; me golpeó fuerte y a la vez me enseñó tanto que en el medio (lentamente) me convertí en otra persona.

Hoy soy mejor, porque aprendí a ser mejor conmigo misma, a no juzgarme, aprendí que se puede bajar los brazos y a pedir ayuda cuando realmente la necesitaba, aprendí a tener fe con el corazón, a valorar la vida, las sonrisas y las manos amigas. Por suerte ya no me preocupo por tonteras diarias, entendí que el mundo no gira a mi alrededor y que pasan cosas mucho mas grosas e importantes que mi enfermedad y mi dolor y mis limitaciones. Hace diez años creí que mi mundo se venía abajo, sin embargo hoy tengo la cabeza mas arriba que nunca. Hoy escucho a mi cuerpo y le hago caso. Hoy trato de aportar mi granito de arena en un mundo que siento cada vez mas complicado. Hoy entiendo que las enfermedades no son un castigo, sino la mejor y más rápida forma de encontrarnos con nosotros mismos, aprender y crecer… Incluso en aquellos momentos en los que desesperadamente preguntamos ¡PORQUE A MÍ! …Y gritamos, pataleamos y sentimos que no habrá forma de salir a flote.

Pero se puede.

Será trillado pero es verdad que siempre la salida está en uno mismo y en la capacidad de nunca sentir autocompasión, sino sentirse bendecidos porque tenemos, en la enfermedad misma, la oportunidad para cambiar y ser mejores personas. La llave del cofre que permite la liberación de nuestro ser y nos libera. Nos libera del dolor, de la angustia, de la aflicción, del sentimiento de derrota, de la impotencia, de las dudas, de la inseguridad, del temor, del miedo. Tal vez el cuerpo este enfermo pero el alma permanece intacta.

Nunca utilicé lo que me pasaba como carta de presentación. No saqué ventaja de esto ni esperé que alguien sintiera pena por mí. Yo hice todo lo que quise/pude y más. Nunca me di por vencida. Pero aún así, me permití momentos de llanto porque cuando se toca fondo, es cuando se junta las fuerzas necesarias para pegar el envión y lograr salir del agua y volver a respirar.

En mi caso tuve la suerte de que en cada caída siempre encontré una mano amiga que me ayudó a salir. Que me hizo mas fuerte. En un mundo donde las relaciones y el compromiso no están de moda, yo encontré el mejor aliado para el camino jodido que hemos recorrido de la mano: mi Gringo.

Me despido dando también las gracias a mi familia, que han sufrido por mí incluso mucho mas que yo misma, y a los amigos, a cada uno de los que entendieron que mi cirugía número 14 ha sido tan dolorosa como la primera y han acompañado como el primer día a lo largo de todos los días.

Hay un Dios arriba que es mi guía y tengo una Virgen María que me da fuerzas.

Me sacaron los puntos y estoy feliz, como ya dije, todavía me quedan unos casilleros más para alcanzar mi meta, pero estoy ¡feliz!

Mucho mas de que sentirme agradecida de lo que incluso yo a veces veo con mis propios ojos.

Gracias.

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