De este mundo y un poquito más allá

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Manjar de los dioses: Repollo morado

Manjar de los dioses: Repollo morado

Hoy vengo a enseñarles a preparar un manjar de los dioses. Seguíme!

Aliados saludables que combaten el cáncer

Si están como yo en la búsqueda constante de salud, muchos de ustedes ya saben que consumir animales o productos derivados de ellos producen o ayudan a la alimentación de células malas que llamamos cáncer. Seguíme!

Señaladas, señalando

Señaladas, señalando

Y un día nacimos. Nacimos mujeres.

Crecemos sintiendo amor y pasión desde las entrañas. El teleteatro premonitorio de nuestras vidas. Jugando a ser adultas: acunando muñecas desde la más tierna infancia, siendo heroínas salvadoras del mundo, construyendo mundos felices.

Crecimos y despertamos a la vida de mujeres adultas nada más y nada menos que sangrando.

A veces con dolor, a veces con alegría, a veces con angustia, a veces con asombro, a veces solas, a veces inesperadamente, a veces sin siquiera quererlo y algunas otras esperando ansiosas ese “pasaporte” de niña a mujer.

Crecemos ingenuas para verle de repente la cara a un mundo que nos trata con crueldad y desinterés.

Violencia de género le dicen. Las mujeres no tenemos los mismos derechos que los hombres, las mujeres no recibimos el mismo trato que los hombres. Las mujeres estamos en un escalón inferior. Abajo, oprimidas, aplastadas las ideas y también las esperanzas.

¿Pero qué ocurre cuando, muchas veces, son las mismas mujeres las que hacen que esa violenta diferencia se sienta aun más fuerte?

¿Saben cuál es el peor dolor que puede soportar el ser humano o mejor dicho el cuerpo de un ser humano? Quemarse. O sea, que nuestro cuerpo se queme es lo peor, dolorosamente hablando, que podría ocurrirnos, pero vayamos al segundo lugar: ¿tienes idea cuál es el segundo dolor más terrible que el ser humano puede soportar?

Parir.

Parir, exactamente eso, traer al mundo otro ser humano. Nada en la naturaleza debe tener tanta magia acumulada, tanto amor, felicidad y dolor a la vez, todo mezclado, todo contenido en un solo acto.

Con alegría o no, con ganas o no, las mujeres traemos otro ser a este mundo sufriendo. Con el dolor más profundo. Una agonía soportada por mujeres valientes, que logran pasar ese momento y llevarlo desde el grito desgarrador de las entrañas a la felicidad más pura.

Pensar que años atrás algunas mujeres perdían la vida en ese hermoso acto de dar a luz, y con ellas se apagaba el sueño de ver crecer a sus a sus retoños. Parir es la ejemplificación de dolor más hermoso que existe.

Pero algunas, por el motivo que sea, no parieron. Y sus hijos han nacidos por cesárea. Sin embargo, tuvieron a su hijo y ninguna es menos madre por no haber atravesado por ese momento penoso al que las mujeres están confinadas de nacimiento.

Nada nos hace menos madres. Nada nos hace menos mujeres.

Ni siquiera son menos madres aquellas que se han pasado años intentando cumplir ese sueño que perseguimos desde niñas de llevar en nuestro vientre un hijo, fruto del amor, fruto de sueños sin tiempo.

Esas cientos de mujeres con vientres impedidos de dar vida, no son menos madres. La maternidad es intrínseca de cada mujer. Es propio e interno incluso en aquellas que deciden no dar ese salto, porque eligen poner toda su energía en los sueños de superación profesional. ¿Acaso es menos mujer por decidirse a pisar fuerte en su carrera en vez de seguir patrones externos?

Ninguna mujer tiene derecho a mirar con ojos cargados de opiniones, las decisiones de otras, sin embargo, somos las mujeres las primeras que apuntamos.

¿Acaso es menos madre aquella que con todo el amor del mundo elige cuidar de un hijo que nació del cuerpo de otra mujer? Por el contrario, es tan madre, tan humana, tan mujer, tan sensible, tan digna de una corona de laureles. Y sin embargo también se la señala. Se la apunta incluso cuando es la encargada de dar cobijo al hijo abandonado  de una madre sin agallas, o sin fuerzas, o sin vida. Se la distingue cuando se convirtió en la mujer-madre sustituta del niño de aquella que no tuvo brazos para acunar, ni los pechos para amamantar a su propio niño. 

De todas formas, esa madre que abandona, también debe de haber tenido sus motivos, y no somos nosotras, las mismas mujeres, las que debemos señalarla, sino entendernos y entender que hay historias silenciosas que nos entrelazan a todas.

¿Cuántas de nosotras entendemos el crecer con dolor, con miedo, crecer con abusos, a veces físicos, a veces sexuales, a veces verbales? ¿Cuántas de nosotras hemos soportado la degradación y la falta de respeto? A pesar de eso, con todo lo que sea que llevamos en nuestras espaldas, de igual manera señalamos. Apuntamos con el dedito acusador el accionar de otras mujeres.

Y sigue la vida. Y las mujeres seguimos soportando: desigualdad en los trabajos, desigualdad de parte de los hombres, desigualdad de parte de mujeres.

Qué será de nosotras las mujeres si nosotras mismas no nos servimos de apoyo. Pensar que no hay mujeres con reputación de “puta” tan descaradamente impuesto que por otra mujer. Triste.

Mujeres sin nombre, sin rostros, sin ojos, sin lengua, sin filo, sin edad, sin sexo, sin cuerpos, sin tormentos, sin miedos, sin violencia, sin dolor, sin color, sin pecho, sin ansias, sin esperanzas, sin sueños, sin voz. Silencio mujeres. Ojos tapados, bocas ahogadas. Silencios. Justificaciones a la injusticia.

Somos mujeres. Recordar que somos mujeres. Mujeres que pretenden alcanzar estándares socialmente aceptables impuestos por mentes enfermas. Mujeres que mueren por alcanzar la delgadez de patrones de belleza vacía. Mujeres que ven morir a sus hijos en sus brazos. Mujeres que sueñan sueños de princesas. Mujeres que pasan la vida luchando por su libertad. Mujeres que pelean por sus derechos. Mujeres que buscan y que no alcanzan. Mujeres que levantan y aplastan. Mujeres ejemplo. Mujeres dolor. Mujeres floreros. Mujeres madres, hijas, abuelas, hermanas, amigas, vecinas, compañeras. Mujeres al fin. Mujeres. Justificaciones sin justicia.

¿Qué va a ser de nosotras si ni entre nosotras no cuidamos nuestra reputación, si no valoramos y apoyamos nuestros logros? ¿Porqué esperamos la bienaventuranza de los hombres y su decisión final por sobre la opinión de nosotras mismas?

¿Porqué no somos nosotras las que nos damos el lugar en la sociedad que nos merecemos en vez de seguir peleando por las migajas debajo de la mesa como si fueran un banquete?

Las mismas mujeres que parimos, que sentimos, que amamos, que nos sacrificamos, que sangramos, somos las mismas que nos vemos doblegadas frente al propio sexo femenino.

Triste realidad. Dejemos de juzgarnos de una vez por todas entre nosotras. Empecemos a respetarnos para poder pedir respeto. Dejemos de apuntarnos y de señalarnos. De todas formas, no somos tan santas, ni tan perfectas, sino, queridas Magdalenas, las reto  a ver cuál de ustedes se anima a tirar la primera piedra.

Seguíme!
El uno para el otro

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Para mujeres que piensan en su cuerpo y en el medio ambiente

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solteras…

solteras…

A veces es complicado recordar lo difícil que está el mercado de los “solos y solas”.

Escuchar las quejas de las amigas y mover la cabeza asintiendo como dando a entender que comprendemos  lo que están sintiendo, es una imagen típica en una charla de mujeres.

Es indudable que desde el corazón estamos con ellas pero hay que salirse un poco de la línea del: “sé perfectamente lo que me estás contando”, porque la realidad demuestra que todos estamos equivocados: no sabemos lo que están pasando!!!!

Sería bueno que las que tenemos amigas solteras, nos solidarizáramos. Propongo escribir en las notas mentales: ¡tengo que bajar del caballo. Mis amigas me necesitan!

Sin lugar a dudas tener cuidado con la pesada mochila cargada de palabrerío barato listo para ser volcado en situaciones en las que no se sabe que decir, como por ejemplo:

1- Tranquila, ya va a llegar.

2 – No merece la pena

3 – Es tanto más divertido estar sola

4 – Nena, es un boludo, vos te mereces muchísimo más

5 -¿Sabés la cantidad de buenos tipos que hay esperando por alguien como vos?

Las solteras deberían entender que cuando una mujer que se considera “amiga”, ha acudido a alguna de estas frases hechas u otras del estilo, lo hacen sin la menor mala intensión. Sino desde un lugar también de bajón por no encontrar las palabras adecuadas ante tal situación, tengamos en cuenta que una amiga es capaz de decir las cosas más ridículas con tal de levantar el ánimo a esa querida compañera de emociones que está con el corazón achicharrado.

Es re “cool” pensar que si uno estuviera en su lugar la llevaría con altura, gritando a los cuatro vientos: ¡Qué buena vida esta de estar soltera!

De todas formas podemos hablar de un par de lo que podría llamarse “beneficios”: Salir todas las noches y que nadie te espere en casa, fines de semana solamente para leer libros y que nadie me hable… ¡¡¡¡PARAISO !!!!!!

Indefectiblemente en todos los grupos de amigas tenemos alguna soltera que tienen esa invalorable  libertad de no estar “atadas” a nadie. Que trabajan y no tienen que compartir ganancias con nadie, que tienen la libertad de decidir cuando salir de viaje y a donde se les ocurra sin tener que dar explicaciones! Y gastar y malgastar sin control y sin caras de reproches, incluso después de comprar un collar de caracoles en la playa por 200 dólares (que obvio no va a usar nunca).

Sentarse en la barra de un bar en algún sitio cualquiera, y pedir una Margarita, y dos, y tres.. Y pensar sin cargos de conciencia: “Mmm que bueno que está el barman: (totalmente descarada preguntar): ¡Hola joven barman!, creo que no nos presentaron…” Definitivamente libertades poco tenidas en cuenta a la hora de empezar con la cantaleta de la soledad.

Diferentes tipos de solteras:

Muchas veces hay mujeres a las que el perfume de la “necesidad de encontrar” esa persona ideal a como de lugar, es un halo catingudo y pegajoso que las acompaña en el andar. Aclaremos las cosas:  todas hemos pasado los treinta, algunas suman más de treinta y cinco y el reloj biológico es proporcional a la necesidad de un cálido abrazo en invierno, es inevitable, totalmente entendible y sinceramente real.

Otras se caracterizan por llevar el vestido de novia en la cartera: en la primer cita, luego de un poco más de dos horas de entretenida superflua conversación, mandan un mensaje de texto a familiares y amigos anunciando formalmente el compromiso con su total desconocido “salidor” pero que repentinamente se ha transformado en el príncipe azul, que ha venido en su caballo a rescatarlas de todos los males aburridos que azotan la vida cotidiana de esta mujer desesperada… ¿Realidad?.

Los príncipes azules ya no existen ni en los cuentos. Ni siquiera en Disney  sino pongamos de ejemplo “Tangled” en donde el “enamorado” de la doncella es un ¡ladrón!. Sí, bueno, entiendo, el joven se retracta de sus malos modales y cambia por ¿¡¿¡¿AMOR!?!?!?

En los tiempos modernos, los hombres ya no cambian por un sentimiento cursi y pasado de moda.

Pero para la mirada femenina es obvio: ¿Cómo no vamos a estar todas desesperadas por hombres perfectos si desde niñas no hemos visto más que historias amorosas con caballeros perfectos que no se encuentran en ningún lado más que en los libros, o movies?

Si chicas, hemos crecido en una mentira…. Vivimos en la era en la que los príncipes se han convertido en sapos.

Pero de todas las actitudes que puede tomar una mujer desesperada, frente a la brutal resignación, el oscuro pozo de abandono golpea la puerta.

Ante la imposibilidad y tremenda cantidad de intentos frustrados, ante las miles de horas tiradas en una cama malgastando lágrimas de desconsuelo, estas chicas, han decidido no seguir conociendo cretinos. Ya ni siquiera eligen hombres de una noche, ni galanteos momentáneos, incluso frente a piropos cotidianos, surgen caras serias y malhumoradas. Ladran, alejan, se resienten, se dejan.

Un odio inimaginable y creciente apoderándose de todo su ser. Amargura constante.

Este tipo de amigas pasarán los fines de semana encerradas mirando en la tele alguna barata peli romanticona, frente a un bowl de pochoclo (pororó, popcorn o como lo llamen) de microondas, sin un plan mejor que el de engordar y llenarse de granos.

Con suerte conseguirán un Corín Tellado y suspirarán por todo lo que no han sido capaces de conseguir. Alguna que otra vez, con muchísima mala onda cuidaran hijos ajenos de amigas felizmente casadas, para luego tener la posibilidad de variar de tema de queja semanal: la soledad y lo pesado que es cuidar hijos ajenos.

La tristeza personificada; la por todos conocida: solterona.

No seré feliz pero tengo marido.

El título de la novela de la argentina Viviana Gomez Thorpe lleva a la reflexión.

¿Tiene que ver una fuerte presión social en la forma de llevar la soltería?

Es común ver a la familia, vecinos, amigos, conocidos, las amigas de la vecina y sus hijas, incluso las amigas, todos en conjunto señalando a las solteras.

¿Son blanco de comentarios chismosos, incluso malintencionados?

¿Es acaso parte del éxito casarte y tener hijos a una edad socialmente estipulada?

¿Hay alguien capaz de garantizar un futuro perfecto a una mujer que cumple con las normas a rajatabla?

Una vez escuché un comentario acerca de la mirada inquisidora y lastimosa que había recibido una soltera por parte de amigas (“felices”) a las que no veía hace tiempo: relataba que el único tema que habían querido hablar con ella tenía que ver con un potencial novio o pareja, amigo o lo que fuere, pero un hombre al fin. A esta chica sus amigas no le preguntaron por su salud, ni por su trabajo, ni siquiera un: ¿estás bien?. La exclusiva forma de bienestar general de su amiga estaba relacionado con la idea de tener una cama doble compartida.

¿Llegará el sexo femenino un día a entender que la verdad revelada acerca de la felicidad no tiene que ver con tener un hombre al lado? ¿Será acaso esto verdad? ¿o lo único que necesitamos para tener constantemente una sonrisa en el rostro es un representante del sexo masculino metido en la casa?

¿Quedará claro alguna vez que no hay hombre en el mundo que garantice la felicidad?

¿O es que un hombre solamente es capaz de darle a la mujer ese bienestar que necesita?

Cuántos planteos sin respuestas…

Hay mujeres casadas con hijos y un marido con el que no hablan hace siglos, que te miran un dejo de pena  mientras  lamentan la poca suerte que tuviste al no haber sido capaz de conseguir un matrimonio feliz como el de ella.

Pongamos las cartas sobre la mesa: este mundo está tan lleno de mujeres hipócritas como de solteras.

La felicidad tiene cara de todas esas cosas que nos encanta hacer y que no nos damos cuenta cuánto valen hasta que no se las pierde.

Una mujer sola tiene la cama entera para dormir despatarrada. Y los fines de semana despertarse al medio día, ir a yoga, o salir a caminar, darse baños de inmersión, permitirse un desorden propio del cual nadie se va a quejar por más que la ropa esté tirada por semanas. El tiempo del mundo para ir a la manicura, también hacerse los pies y pasar por la peluquería,  tomar un cafecito al sol, charla va charla viene con amigas (otras solteras) sobre la inmortalidad del cangrejo, total, ninguna tiene horarios ni obligaciones…. Esas pequeñas ventajas que las casadas con hijos extrañan y que  incluso sueñan en silencio recordando esos placeres propios de la libertad perdida. La otra cara de la moneda, muestra al pajarito de la envidia  volando sobre la lista interminable de cosas que quedan por hacer en el día de una casada.

Mujeres vs Felicidad

Una cosa está clara: si una mujer comparte la cama con un hombre, una mujer, un perro o un gato, es un tema que no le compete a nadie más que a ella misma.

Por lo general alguien es considerada soltera cuando la edad políticamente correcta para casarse ha pasado, lo que esperemos todos que algún día sí pase, es que la nuez cerebral de la gente que piensa que esto es correcto, termine de germinar y se transforme en un árbol lleno de frondosas ramas que conlleve a una apertura mental.

Nadie tiene comprada la felicidad. Ni siquiera vistiéndose de blanco y llegando al altar del brazo del padre que con lágrimas de orgullo paternal, entrega a la virginal doncella en brazos de su amado con quien vivirá feliz el resto de su vida.

No amigas, la única realización personal va más allá de eso, no depende simplemente de encontrar la media naranja, la felicidad está en el alma, en sentirse bien con uno mismo y aceptar lo que ha encontrado y lo que es. Se puede ser tan infeliz frente a la idea de estar solo como ante la posibilidad de pasarse la vida con alguien que uno no ama, (solamente por no estar solo…)

¿Acaso no se estaría igual de solo durmiendo con un extraño después de tres años de infeliz matrimonio?

De la misma forma que existen esas “tocadas por una varita mágica” que han encontrado la persona ideal para compartir su vida, hay mujeres exitosas en una vida elegida para pasarla con quien mejor uno se siente: uno mismo.

De todas formas, para las que siguen con la idea fija, pidan la bendición de San Antonio, y si quieren cantemos a coro: “Pedile a San Antonio que te mande un novio, todos los domingos todos los domingos”.

 

 

Seguíme!